El polémico Trans-450 aún no está liquidado, así lo dijo el jueves (30.09.2021) el alcalde del Distrito Central, Nasry Asfura, al asegurar que resurgirá como el Ave Fénix, pero con otro nombre y con una mayor inversión en infraestructura.

Según el edil capitalino, ahora se llamará Bus de Transporte Rápido (BTR). Además, insistió que lo levantará de entre los muertos y le dará una segunda oportunidad.

“No es Trans-450, es BTR, Bus de Transporte Rápido. La infraestructura está lista; sin embargo, seguimos invirtiendo más en otros túneles y pasos a desnivel para que pueda funcionar de la manera más eficiente posible”, aseguró Asfura.

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Pese a que siempre fue un acérrimo crítico de la obra valorada en más de 40 millones de dólares, el titular de la comuna capitalina detalló que ya hay más de tres consorcios de transporte listos que deberán buscar las instituciones bancarias que les otorguen el fideicomiso.

Además, el también candidato presidencial por el partido de gobierno adelantó que no se pagará con efectivo, sino con tarjetas de recargo y no detalló la fecha en que estaría listo.

Polémica

El anuncio de Asfura dejó la polémica servida; ya que el futuro del BTR es limitado desde que empezó, porque nunca existió planificación vial, opina el arquitecto Juan Carlos Rodríguez.

“Solo unas regiones van a estar utilizando este tipo de transporte. Los que viene por la parte de la colonia Kennedy hasta el Estadio Nacional y los que vienen de la UNAH al coloso capitalino”, expresó Rodríguez.

No obstante, señalo que el resto de la población que es casi el 90 por ciento de Tegucigalpa, no lo podrá utilizar.

Por su parte, el candidato a la alcaldía por el Partido Salvador de Honduras, Carlenton Dávila catalogó como lamentable que pretendan finalizar una obra en campaña electoral.

“Creo que están metidos en problemas porque construyeron un proyecto que no es factible”, indicó Dávila.

Los consultados señalan que los transportes son exitosos si tienen transversalidad; es decir, cuando cruzan una ciudad. Pero que los ocho kilómetros que mide el BTR lo hacen ver más como un capricho político que una solución.