Las primeras palabras de un hijo llenan de emoción a toda una familia, pero para miles de niños hondureños, expresar lo que sienten, piensan o necesitan se convierte en un desafío diario.
Los trastornos del lenguaje afectan el aprendizaje y desarrollo emocional, aunque muchas veces pasan desapercibidos o se confunden con falta de interés o conducta.
Detrás de cada niño que no logra hablar a tiempo hay una batalla silenciosa.
Algunos apenas pronuncian “Papá” a los dos o tres años y medio, mientras su forma de comunicarse se reduce a señalar, gritar o buscar maneras de hacerse entender. Para sus familias, cada avance representa esperanza.
Señales que no deben ignorarse
Los especialistas explican que a los dos años un niño debería decir unas 50 palabras y comenzar a unirlas en frases de dos o tres términos.
A los seis meses aparecen sílabas como “ma”, “pa” o “ta”, y al año deberían escucharse palabras claras.
Cuando eso no ocurre, puede tratarse de un retraso en la adquisición de competencias comunicativas orales.
Esta condición forma parte de los trastornos del neurodesarrollo y afecta la manera en que el cerebro comprende o produce lenguaje.
Entre las causas pueden estar el autismo, discapacidades intelectuales, parálisis cerebral o la falta de estimulación.
También influyen factores ambientales, como ocurrió durante la pandemia, cuando el encierro redujo la interacción, socialización y habilidades comunicativas.
La detección temprana puede cambiar vidas
Los expertos recomiendan buscar evaluación formal si desde el primer año el niño presenta dificultades para mantener contacto visual, atender instrucciones o mencionar palabras.
El siguiente paso debe ser acudir a un fonoaudiólogo, logopeda o terapeuta de lenguaje.
En Honduras, muchas familias enfrentan esta realidad sin diagnóstico ni tratamiento oportuno, lo que convierte el problema en un reto médico, social y educativo.
Fundación Teletón, Arca de Esperanza y la Clínica de Fonoaudiología de la Universidad Nacional brindan atención especializada.
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