Hace siete años, una parada para descansar frente a una pulpería en la aldea Santiago, en Tela, Atlántida, fue escena de una masacre.

A tres comerciantes dedicados a la venta de verduras los emboscaron y ejecutaron hombres armados que desaparecieron sin dejar rastro.

Las víctimas las identificaron como Efraín Vásquez, de 49 años; Mariano de Jesús Ramos, de 60; y Omar Antúnez, todos originarios y residentes de la aldea Toyos, en el municipio de El Negrito, Yoro.

Habían llegado hasta Tela por razones de trabajo, sin imaginar que ese recorrido sería el último.

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La masacre en Tela

La noche de aquel ataque, los tres hombres permanecían en una pulpería ubicada frente al puente sobre el río Santiago, a un costado de la carretera CA-13, cuando varios sujetos fuertemente armados irrumpieron en el lugar.

De acuerdo con los primeros reportes, los atacantes abrieron fuego sin mediar palabra.

Uno de los comerciantes quedó sin vida dentro del vehículo en el que se transportaban, mientras que los otros dos murieron en el exterior tras intentar reaccionar al ataque.

Los responsables huyeron inmediatamente después de la balacera y, pese al despliegue policial, no los capturaron en ese momento.

víctimas

Comerciantes bajo ataque

Agentes de la Policía Nacional acordonaron la escena para iniciar las primeras investigaciones, mientras personal de Medicina Forense realizó el levantamiento de los cuerpos y los trasladó a la morgue de La Ceiba.

El propietario de una pulpería cercana relató que la tranquilidad de la noche se interrumpió por una ráfaga de disparos.

Cuando salió de su negocio encontró una escena marcada por el caos: un hombre permanecía dentro del vehículo y otros dos yacían sobre el pavimento.

La esposa de una de las víctimas aseguró entonces que su esposo no tenía enemigos conocidos y que la familia desconocía cualquier motivo que pudiera explicar el ataque, una versión que incrementó las dudas sobre el móvil del crimen.

el crimen

Siete años sin respuestas

Con el paso del tiempo, el triple asesinato continúa envuelto en incertidumbre. La identidad de los autores materiales nunca se esclareció públicamente y las razones detrás de la emboscada permanecen sin una explicación oficial.

Siete años después, la muerte de los tres comerciantes sigue siendo uno de esos casos en los que las balas hablaron primero y las respuestas nunca llegaron.

Mientras sus familias continúan recordándolos, el expediente permanece como un crimen que dejó más interrogantes que certezas.

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