El mercado de drogas en las Américas dejó de ser reconocible. Lo que antes se entendía como una sustancia definida —cocaína, éxtasis o anfetaminas, e incluso el llamado tusi— hoy se convirtió en algo mucho más peligroso: una mezcla cambiante de químicos cuya composición puede variar en cada dosis.
Esa es la principal alerta del informe “Tendencias de Drogas Sintéticas en las Américas (2019–2025)”, elaborado por la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) de la Organización de Estados Americanos (OEA), con base en datos del Sistema de Alerta Temprana de las Américas (SATA).
El documento describe un cambio profundo en la dinámica del narcotráfico, donde las organizaciones criminales ya no dependen únicamente de drogas tradicionales, sino que han encontrado en las sustancias sintéticas y en sus combinaciones una forma más rentable, más flexible y, sobre todo, más difícil de detectar.
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El “tusi” ya no es lo que parece
Uno de los casos más claros de este fenómeno es el llamado “tusi” o “cocaína rosada”, que durante años se asoció a una droga específica y a un consumo recreativo ligado a entornos de fiesta.
Sin embargo, el informe advierte que esa percepción es engañosa. Lo que actualmente se vende bajo ese nombre ya no responde a una fórmula definida, sino a una mezcla variable que puede incluir ketamina, MDMA (éxtasis), cafeína y otros compuestos, cuya combinación cambia según el productor o el lote.
Esta transformación no es menor, porque convierte cada consumo en un riesgo impredecible.
El usuario ya no sabe qué está consumiendo ni en qué proporciones, lo que eleva significativamente la posibilidad de intoxicaciones graves o sobredosis.

El salto hacia combinaciones más letales
El informe también documenta un giro más alarmante: la incorporación de opioides sintéticos altamente potentes dentro de estas mezclas.
Sustancias como el fentanilo —conocido por su papel en la crisis de sobredosis en Estados Unidos— y los nitacenos, aún más potentes, comenzaron a expandirse fuera de América del Norte y a aparecer en otras subregiones del continente.
A esto se suma la presencia creciente de compuestos como la xilacina, un sedante veterinario que no solo incrementa la toxicidad de las mezclas, sino que complica la respuesta médica en casos de sobredosis.
Centroamérica entra en el mapa de riesgo
El informe ubica a América Central como una de las zonas donde estas sustancias y sus mezclas se expanden, particularmente en el caso del “tusi”, cuya difusión es rápida en los últimos años .
Este dato coloca a Honduras en una posición de vulnerabilidad, no solo por su ubicación geográfica dentro de las rutas del narcotráfico, sino también estructural.
También por limitaciones en sistemas de detección temprana que podrían identificar estas sustancias antes de que se conviertan en una crisis de salud pública.
El informe advierte que ninguna droga permanece confinada a un solo país por mucho tiempo.
Esto significa que las tendencias que se observan en otras regiones pueden replicarse con rapidez en territorios donde la capacidad de respuesta institucional es limitada.

Una amenaza que avanza sin que se vea
Entre 2019 y 2025, el Sistema de Alerta Temprana de las Américas documentó un aumento sostenido en la complejidad de las sustancias detectadas.
Se pasó, de drogas individuales a combinaciones múltiples como el tusi, que hoy dominan el mercado.
Esto significa que el riesgo ya no radica únicamente en el consumo, sino en la imposibilidad de anticipar qué contiene cada sustancia.
La amenaza se vuelve invisible y no es una nueva droga identificable, sino un fenómeno cambiante que evoluciona más rápido que la respuesta.
Y mientras esas combinaciones siguen expandiéndose por la región, Honduras podría estar más cerca de ese riesgo de lo que parece.
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