En una casa de Copán, en una calle de sus comunidades, el Tzikín comenzó, la mesa se sirvió, la velas se encendieron y los alimentos se compartieron.

Los tamales, frijoles, tortillas, queso y dulces tuvieron destinatarios especiales: personas que murieron, pero cuya memoria continúa presente entre sus familiares.

Así comenzó el Tzikín, la ceremonia ancestral del pueblo maya chortí que cada primero de noviembre reúne a las familias para agradecer las cosechas y honrar a sus antepasados.

En comunidades como Carrizalón, Choncó y San Antonio Tapesco y el mismo Copán Ruinas, esta tradición conserva una particularidad: primero se ofrece el banquete a los espíritus y después comen los vivos.

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Tzikín: una mesa preparada para recibir a los antepasados

La ceremonia se organiza en escuelas, iglesias o viviendas particulares. En Carrizalón, Copán Ruinas, destacaron los tzikines familiares.

La Municipalidad de Copán Ruinas preparó el altar del Tz’ikin y compartió con pobladores y visitantes esta tradición, que honra la memoria de los antepasados mediante ofrendas, alimentos y ceremonias.

Cada familia selecciona los alimentos que más disfrutaba el ser querido a quien dedica la ceremonia.

La preparación comienza incluso un día antes y los participantes colocan flores de muerto y hojas de comte, utilizadas para decorar el exterior del altar.

Mientras tanto, el encargado de dirigir las oraciones prepara los momentos solemnes de la celebración.

El primer rosario se realiza a las siete de la noche y el segundo llega a medianoche, cuando los participantes invocan a sus antepasados.

Durante ese momento, el anciano encargado de la ceremonia realiza invocaciones silenciosas.

La comida permanece intacta durante horas, nadie puede tomarla, aunque haya participado en su preparación.

Solo cuando el guía espiritual lo autoriza comienza el reparto entre familiares, vecinos e invitados.

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Niños y adultos participan en la celebración del Tz’ikin en Copán Ruinas, donde frutas, dulces y cánticos tradicionales mantienen viva una de las costumbres ancestrales del occidente de Honduras. Foto: Municipalidad de Copán Ruinas.

El sacrificio de quienes dirigen el Tzikín

La tradición también establece una preparación especial para los rezadores y según las costumbres descritas por los habitantes, deben guardar un período de cuatro a doce días antes de la ceremonia.

Durante ese tiempo evitan consumir carne, mantienen una alimentación basada en tortillas, frijoles y agua, y practican abstinencia sexual.

Estas restricciones forman parte de las creencias relacionadas con la armonía entre la naturaleza, los alimentos y los espíritus de los antepasados.

Además, existe la creencia de que cada alimento posee un espíritu, por lo que su preparación tiene un significado que trasciende la alimentación cotidiana.

En las ceremonias comunitarias, cada vecino contribuye con lo que tiene. En las familiares, los anfitriones asumen la organización y los alimentos del banquete.

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Entre rezos, flores y ofrendas de alimentos, participantes de la ceremonia maya chortí preparan el altar del Tz’ikin en Copán Ruinas, una tradición ancestral para agradecer las cosechas y honrar a los antepasados. Foto: cortesía.

De los altares a las calles: los niños que salen a pedir Tzikín

La tradición adquiere otra expresión en las calles de Copán Ruinas, entre las seis y las diez de la noche, niños y jóvenes recorren los barrios pidiendo dulces, frutas, pedazos de caña, ayote y ciruelas en miel.

Algunos utilizan máscaras y disfraces. Otros simplemente caminan en grupos mientras cantan:

Ángeles somos, del cielo venimos, tzikín pedimos.

Cuando una familia no les entrega alimentos, los visitantes responden con versos tradicionales que forman parte de la celebración.

Esta práctica tiene semejanzas con antiguas procesiones hondureñas conocidas como los angelones.

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Las ofrendas que el pueblo consagra a sus muertos. Foto: cortesía.

La historia

El investigador Fernando Cevallos documentó que en Comayagua grupos de muchachos recorrían las viviendas solicitando limosnas para las almas del purgatorio.

Asimismo, la historiadora Leticia de Oyuela registró celebraciones semejantes en los barrios de Tegucigalpa durante la época colonial.

En Ocotepeque, otra costumbre mantiene vivos esos recorridos: el Día de Casiano, durante el cual los jóvenes cargan un muñeco y piden ayote de casa en casa.

Las distintas celebraciones conservan cantos, alimentos y prácticas transmitidas entre generaciones.

En Copán Ruinas, mientras tanto, la ceremonia mantiene su significado espiritual: agradecer por las cosechas, recordar a los seres queridos y compartir los alimentos preparados en su honor.

Cuando finalmente se reparte el banquete, cada familia vuelve a probar los sabores que alguna vez disfrutaron sus antepasados.

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