Un recorrido hacia el baño terminó colocando al policía Elmer Leonel Domínguez Hernández frente a una de las escenas centrales del caso Keyla Martínez.
Era la madrugada del 7 de febrero de 2021, Domínguez estaba de servicio en la Unidad Departamental Policial Número 10 (UDEP-10), en La Esperanza, Intibucá, y según relató ante el tribunal, entre las 2:00 y 3:00 de la mañana pidió a su compañero regresar a la posta porque necesitaba ir al baño.
Al pasar cerca de las celdas miró hacia donde permanecía detenida Keyla, entonces, según su declaración, retrocedió. Había visto algo que lo hizo volver sobre sus pasos.
El agente compareció como testigo del Ministerio Público durante la repetición del juicio oral y público contra el policía Jarol Rolando Perdomo Sarmiento por la muerte de la estudiante de enfermería.
Su testimonio reconstruyó aquellos minutos desde el interior de la posta y agregó una nueva versión sobre cómo encontraron y posteriormente trasladaron a Keyla.
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El recorrido que lo llevó hasta la celda de Keyla Martínez
Domínguez explicó que aquella noche cumplía un turno de medianoche a las 6:00 de la mañana.
Cerca de la 1:00, recordó, salió en una patrulla para llevar basura al crematorio, después regresaron y continuaron con el patrullaje de rutina.
Hasta que necesitó ir al baño. Durante el interrogatorio del Ministerio Público explicó la distribución de aquel sector de la posta.
“Teníamos nuestro baño en el cuarto, en la cuadra, como decimos, y estaba frente a las celdas, pero los baños están más al fondo”, declaró.
Calculó que entre la guardia y los baños existían aproximadamente diez metros de distancia, Keyla, explicó, permanecía sola en la primera celda.
Fue al pasar por allí cuando algo llamó su atención. “Cuando pasé por la celda miré a alguien colgado y me devuelvo”, declaró ante el tribunal.
Domínguez dijo que estaba aproximadamente a un metro de distancia cuando la observó, entonces describió lo que asegura haber visto.
“Ella estaba colgada. El suéter estaba amarrado en los barrotes, en lo alto del portón. Estaba pegada a los barrotes”, relató.
Según su testimonio, el portón medía aproximadamente dos metros y la prenda estaba sujetada en la parte superior.
“Ella estaba colgada con los pies doblados, la cara estaba agachada con dirección a la celda de hombres”, continuó.
El agente dijo no recordar las características del suéter, pero reiteró que lo observó sujeto a los barrotes superiores del portón.

“¿Fue a ver la celda?”
Después de observar a Keyla, Domínguez aseguró que buscó al asistente de guardia, era Jarold Perdomo.
Lo encontró, según declaró, sentado fuera del dormitorio. “Él estaba con el teléfono. Le dije: ‘¿Fue a ver la celda?’, y él dijo que no”, recordó.
Los dos se dirigieron inmediatamente hacia la celda y allí, según el agente, Perdomo intentó comprobar si Keyla todavía presentaba signos vitales.
“Lo primero fue tocar si tenía pulso y dijo: ‘Tiene poquita pulsación’”, declaró.
El policía precisó que ese primer contacto ocurrió cuando Perdomo todavía se encontraba fuera de la celda. “Lo hizo estando fuera del portón, todavía no abría el portón”, agregó. Después entró.

“Él la desamarró y la bajó”
Domínguez explicó que Perdomo abrió el portón con cuidado y logró ingresar a la celda. “Como él es pequeño entró cabal”, relató.
Desde allí comenzó a liberar a Keyla. “Harold la desamarró y la bajó en contrapeso porque ella era alta y algo gordita. Yo no pude entrar”, declaró el agente.
Según su reconstrucción, la prenda estaba enredada y era elástica, por lo que Perdomo pudo maniobrar mejor desde el interior.
“De afuera no podía hacer nada; de adentro él pudo hacer más”, explicó. Una vez que consiguió bajarla, dijo Domínguez, la colocó en el piso.
“Cuando la bajó en contrapeso la puso en el piso, boca arriba”. Mientras aquello ocurría, otros policías comenzaron a ser alertados.
Domínguez dijo que llegó personal de comunicaciones y solicitaron que avisaran al oficial de día y al comandante de guardia para organizar el traslado al hospital.
Pero hubo otro elemento sobre el que fue interrogado: el suéter. “El suéter quedó en el portón, no sé qué pasó con él después”, respondió.
Tuvieron que pedir ayuda para cargarla
Sacar a Keyla de aquel lugar, según el policía, requirió la participación de más agentes. Domínguez contó que comenzaron a trasladarla desde la zona de las celdas hacia la patrulla.
“Llegamos cerca del comedor, cerca de la cancha. Nos detuvimos un momento porque pesaba, era alta, y llamamos a otros compañeros para que ayudaran”, relató.
Estimó que finalmente participaron unas seis personas para cargarla. “Éramos como seis personas. De los de turno éramos tres, el oficial de día y el oficial de guardia”, explicó durante su declaración.
Después la llevaron hasta la patrulla y sobre ese momento Domínguez hizo una afirmación que cobra relevancia frente a otro testimonio escuchado durante el mismo juicio.
“La llevábamos boca arriba”, aseguró.

Boca arriba o boca abajo: dos relatos ante el tribunal
La declaración de Domínguez difiere en ese punto de la ofrecida previamente por un testigo protegido.
Ese testigo aseguró ante el tribunal que vio a cuatro policías sacar a Keyla de otra manera.
“Llegó el llavero y tres oficiales más. Un oficial la tomó de cada extremidad, uno de cada pierna y uno de cada mano. Keyla iba boca abajo”, declaró.
También sostuvo que un médico que se encontraba detenido se ofreció a revisarla, pero los policías continuaron el traslado.
Domínguez, en cambio, aseguró que la joven fue llevada boca arriba. Las dos versiones forman ahora parte de las declaraciones escuchadas durante la repetición del juicio y corresponderá al tribunal valorarlas junto con el resto de las pruebas.
“Llegamos al hospital en cuatro o cinco minutos”
Domínguez relató que finalmente subieron a Keyla en la parte trasera de la patrulla y salieron hacia el hospital.
“Ella iba desmayada”, dijo. El policía calculó que el recorrido fue corto. “Llegamos al hospital en cuatro o cinco minutos”.
Al llegar, según su declaración, personal médico llevó una camilla hasta la patrulla y trasladó a Keyla al área de emergencia.
El operador de la patrulla tomó los datos y posteriormente informó al comandante de la UDEP sobre lo ocurrido, agregó.
Así terminó, según Elmer Domínguez, una secuencia que comenzó horas antes con un turno de rutina y que cambió cuando decidió regresar a la posta para ir al baño.

Una madrugada que cinco años después sigue bajo examen
Keyla Patricia Martínez Rodríguez tenía 26 años y estudiaba enfermería cuando la detuvieron y llevaron a la UDEP-10 de La Esperanza, Intibucá, durante la madrugada del 7 de febrero de 2021.
Horas después murió mientras se encontraba bajo custodia policial, la versión inicial de un supuesto suicidio generó cuestionamientos de la familia y organizaciones defensoras de derechos humanos.
Posteriormente, la autopsia estableció como causa de muerte asfixia mecánica y el caso llegó a los tribunales.
Durante más de cinco años, Norma Rodríguez, madre de Keyla, es el rostro de la exigencia de justicia por la muerte de su hija.
Ahora, la repetición del juicio contra Jarol Perdomo vuelve a colocar bajo examen cada movimiento ocurrido dentro de aquella posta.
Quién vigilaba las celdas. Quién vio a Keyla. Quién abrió el portón. Quién la bajó. Cómo fue trasladada.
Elmer Domínguez regresó ante el tribunal a aquella madrugada y reconstruyó su recorrido, según su testimonio, todo comenzó con algo tan cotidiano como unas ganas de ir al baño.
Entre recuerdos, versiones que no siempre coinciden y minutos que vuelven a ponerse bajo la lupa, en el centro permanece Keyla Martínez.
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