Walter Reyes no tiene techo, pero construyó un hogar. En la colonia Estación Fierro, en el sur de Monclova, Coahuila, México, un espacio improvisado entre maderas y cartones lo resguarda del frío que cala hasta los huesos.
Ahí, cada noche se acurruca entre colchas donadas, intentando no perder el calor ni la fe en un futuro mejor.
"Los vecinos aquí me salvaron", comenta con una sonrisa que esconde el cansancio de un viaje que comenzó el 6 de mayo de 2024.
Este hondureño de 35 años dejó su tierra natal en busca del sueño americano, pero el trayecto lo detuvo en México, un país que ahora le da refugio, pero no certezas.

El sueño americano en pausa
El plan de Walter era claro: cruzar la frontera hacia Estados Unidos y encontrar un empleo que le permitiera enviar dinero a su familia en Honduras. Pero los muros no siempre son de concreto; a veces son circunstancias.
"La situación cambió mucho con Trump", explica, refiriéndose a las políticas migratorias más estrictas que complican el tránsito para miles de personas como él. "Es muy injusto. Solo queremos trabajar y enviar algo a nuestras familias".
Con el paso de los meses, Walter decidió no avanzar más. Monclova se convirtió en su punto de espera, un lugar donde evalúa si es posible seguir adelante, quedarse en México o regresar a casa.
Solidaridad en tiempos de frío
Los vecinos de Estación Fierro le dieron más que un espacio: le dieron apoyo. Con materiales donados, Walter construyó una pequeña casita que le ofrece protección. "Desde que llegué, nunca dejaron de echarme la mano", dice con gratitud.
Además del refugio, los lugareños le proporcionan alimentos y ropa para afrontar las bajas temperaturas. A pesar de su situación precaria, Walter se siente afortunado. “Aquí no me dejan pasar hambre”, asegura.

El trabajo informal
Sin documentos legales, las oportunidades de empleo son limitadas. Walter trabaja en el relleno sanitario de Monclova, recolectando botes de aluminio para ganar algo de dinero.
Sin embargo, la irregularidad del trabajo y los ingresos bajos hacen que la estabilidad económica sea un objetivo lejano.
"El relleno no siempre está abierto, y eso me preocupa", comenta. Aun así, cada peso que gana lo ahorra para lo esencial. Su meta sigue siendo enviar algo de dinero a su familia en Honduras, aunque ahora parezca más complicado.
El motor de su lucha: Honduras y su familia
El recuerdo de su tierra y el deseo de brindar un mejor futuro a su familia lo impulsaron a salir de Honduras.
"Allá no hay empleo. No podía quedarme viendo cómo la necesidad crecía", dice. Pero la nostalgia lo persigue.
Cada vez que habla de su país su voz se quiebra, pero no su determinación. Walter aún sueña con un futuro donde pueda regresar con la frente en alto, sabiendo que su esfuerzo valió la pena.
Un sueño que se niega a morir
Walter Reyes no tiene certezas, pero tiene esperanza. Mientras los días pasan en Monclova, sigue soñando con un destino que le permita alcanzar lo que un día imaginó.
Ya sea en Estados Unidos, México o incluso de vuelta en Honduras, Walter no deja de luchar.
“Por ahora, estoy aquí. Pero mi corazón me dice que todavía hay algo más adelante”, dice con convicción.
En la pequeña casita que construyó con cartones y madera, Walter Reyes no solo se refugia del frío: se refugia en la esperanza de un mañana mejor.
Walter Reyes simboliza a los miles de migrantes que cruzan fronteras físicas y emocionales en busca de un sueño. En su lucha diaria, demuestra que la humanidad y la solidaridad no entienden de nacionalidades ni de muros.
