Los jugadores del equipo Platense llegaron aquel 31 de julio de 2003 para firmar contratos y planificar una nueva temporada, pero terminaron escribiendo la página más dolorosa de su historia.

No hubo un balón de por medio, ni una final, ni una jugada polémica, bastó un lápiz, una discusión y una pelea entre dos compañeros para convertir un día de ilusión en una tragedia que, casi 23 años después, el fútbol hondureño aún recuerda.

Los protagonistas de aquella tragedia fueron Robinson Tomás Meléndez, guardameta suplente, y Jorge Alberto Espinoza, defensa central.

Ambos tenían apenas 22 años y compartían el mismo vestuario, el mismo club y el sueño de consolidarse en el Platense.

Horas después, sus caminos quedarían separados para siempre: uno moriría tras la pelea y el otro terminaría sentado en el banquillo de los acusados.

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Platense y una firma que nunca llegó a celebrarse

Mientras los jugadores revisaban la documentación, Espinoza pidió prestado un lápiz para firmar su contrato. Meléndez se negó porque aún lo utilizaba.

Lo que parecía un desacuerdo insignificante escaló en cuestión de segundos y según la investigación policial de la época, Espinoza reaccionó molesto por la negativa.

Hubo reclamos, insultos y un primer enfrentamiento dentro de las oficinas del club.

Compañeros y miembros del cuerpo técnico intervinieron para separarlos y les ordenaron salir del lugar, pero la tensión, sin embargo, no terminó cuando abandonaron la oficina.

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Robinson Tomás Meléndez durante una práctica como guardameta. El exjugador del Platense fue condenado por la muerte de su compañero Jorge Alberto Espinoza, ocurrida en 2003. Foto: Archivo.

La pelea continuó afuera

De acuerdo con los testimonios incorporados al expediente, una vez en el exterior ambos volvieron a encontrarse y cruzaron palabras, se empujaron e intercambiaron golpes.

El entonces inspector policial Elmer Varela explicó que, tras ser separados nuevamente por otros futbolistas, Jorge Espinoza caminó hasta un vehículo estacionado frente a las instalaciones.

Allí se apoyó unos segundos y después cayó al suelo. Lo trasladaron de emergencia a un centro asistencial, pero los médicos ya no pudieron salvarle la vida.

La versión del guardameta

Durante el proceso judicial, Robinson Tomás Meléndez sostuvo que la discusión comenzó cuando se negó a prestar el lápiz porque todavía leía y firmaba su contrato.

También aseguró que Espinoza lo insultó y le dio una manotada dentro de la oficina.

En declaraciones recogidas entonces por medios de comunicación, afirmó que fuera de las instalaciones únicamente hubo empujones e intercambio de palabras.

En todo momento negó haber golpeado a su compañero de la forma en que fue señalado durante el juicio.

Esa versión la analizaron los tribunales junto con el resto de las pruebas y testimonios presentados por el Ministerio Público.

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La justicia cerró el caso

El 6 de marzo de 2004, el Tribunal de Sentencia encontró responsable a Robinson Tomás Meléndez por la muerte de Jorge Alberto Espinoza y emitió un fallo condenatorio.

El caso no terminó allí, en 2007 la Corte Suprema de Justicia confirmó la condena de 10 años, dejando firme la sentencia contra el exguardameta del Platense.

Con ello concluyó el proceso judicial derivado de una pelea que comenzó por un objeto tan común como un lápiz.

La herida que nunca cerró

El Platense vivió campeonatos, descensos, ascensos y noches memorables. Sin embargo, pocas historias dejaron una huella tan profunda como la ocurrida aquel 31 de julio de 2003.

La jornada estaba destinada a inaugurar una nueva temporada y en cambio, se convirtió en un día de luto para el club y para el fútbol hondureño.

Porque aquella mañana no fue un gol ni una derrota lo que quedó escrito en la historia del Platense.

Fue una tragedia nacida de una discusión que nadie imaginó que terminaría con un compañero muerto y otro condenado por la justicia.

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