La noche del 29 de abril de 2017 dejó una de las escenas más violentas registradas en la colonia Villa Nueva, al oriente de Tegucigalpa, cuando un ataque armado acabó con la vida de siete personas en el sector 8 de la zona.
De acuerdo con las investigaciones, las víctimas permanecían cerca de una cancha deportiva cuando una camioneta llegó al lugar.
Del vehículo descendió un hombre armado que comenzó a disparar de manera indiscriminada.
Los disparos desataron el pánico. Varias personas intentaron correr hacia sus viviendas para escapar, pero las persiguieron entre calles y pasajes de la colonia.
Algunos murieron en el sitio y otros fallecieron posteriormente en centros asistenciales.
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Las víctimas de la masacre en la Villa Nueva
Las víctimas se identificaron como María Matilda Ortiz López, Marvin Yovany García López, Óscar Joaquín Cruz Izaguirre, Catalino Vásquez, César Sebastián Flores Cruz, Marvin Isaac García Chavarría y Luz Marina Chavarría García.
La masacre provocó temor entre los habitantes de la colonia Villa Nueva, una colonia que durante esos años enfrentó constantes episodios de violencia vinculados a estructuras criminales y disputas territoriales.
Familiares de las víctimas llegaron aquella noche entre gritos, llanto y desesperación, mientras las calles permanecían acordonadas por las autoridades.

El juicio contra integrantes de la Pandilla 18
Años después del ataque, agentes de tribunales de la Fiscalía Especial de Delitos Contra la Vida (FEDCV) lograron una condena contra tres miembros de la Pandilla 18 señalados de participar en la matanza.
Se condenó a Edgar David Zepeda, Darwin Javier Castro y Miguel Salomón Castillo Cruz.
La Sala I del Tribunal de Sentencia con Jurisdicción Nacional los declaró culpables por los delitos de asesinato, asociación ilícita, portación ilegal de armas comerciales y facilitación de medios para el transporte de drogas prohibidas.
Nueve años después, el recuerdo sigue intacto
Aunque han pasado nueve años desde aquella noche, la masacre se recuerda como uno de los ataques más crudos ocurridos en la capital hondureña.
El caso reflejó la violencia que durante años golpeó sectores de Tegucigalpa dominados por pandillas.
Fueron ráfagas de armas automáticas, las persecuciones y las ejecuciones múltiples formaron parte de una realidad que dejó comunidades enteras viviendo bajo miedo.
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