La cifra no es solo un número: son 71 historias truncadas en lo que va de 2026. Detrás de cada caso hay un patrón que se repite y una advertencia que vuelve a sonar con fuerza: la violencia contra las mujeres en Honduras se está cometiendo con un nivel de crueldad que exige respuestas distintas.

La titular del Observatorio de la Violencia de la UNAH, Migdonia Ayestas, lo plantea sin rodeos.

No se trata únicamente de homicidios, sino de una problemática que debe abordarse de forma diferenciada frente a la violencia contra los hombres, debido al “grado de saña” con que se ejecutan estos crímenes.

“En lo que va del año son 71 las muertes violentas de mujeres y femicidios que han ocurrido. Esto es grave y si vemos, es el grado de saña el que se comete con estas muertes”, advirtió.

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Violencia contra las mujeres escala y se documenta

Para Ayestas, hay un elemento que cambió el escenario: hoy existen más evidencias. Fotografías, videos e incluso confesiones circulan con mayor facilidad en medios de comunicación y redes sociales.

"Esto, en teoría, debería fortalecer los procesos investigativos y la captura de responsables", señala.

Sin embargo, la existencia de pruebas no es suficiente para frenar la violencia. El caso reciente de una joven en Colón, que generaba contenido en redes sociales, refleja esa crudeza.

Según lo expuesto, uno de los detenidos confesó cómo se ejecutó el crimen, revelando no solo la violencia del hecho, sino también la forma en que se articulan estas acciones.

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Sin mecanismos para detener el conflicto

Más allá de los datos, Ayestas apunta a un problema estructural: la ausencia de mecanismos para resolver conflictos sin llegar a la violencia extrema.

“Es una pena que por subir contenido o decir algo no existan mecanismos para resolver los conflictos y tengan que llevarles a la muerte. Esto tiene que cambiar en el país”, lamentó.

La especialista también alertó sobre dinámicas preocupantes que se generan para matar a las mujers.

Un ejemplo, es el hecho de que una persona amenazada pueda ser utilizada para llevar a una mujer hacia quienes finalmente ejecutan el crimen, evidenciando redes y niveles de planificación que van más allá de hechos aislados.

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Un llamado que sigue sin respuesta suficiente

El mensaje es claro: la violencia contra las mujeres no puede seguir tratándose bajo los mismos enfoques tradicionales.

Requiere estrategias específicas, prevención real y una comprensión más profunda de los factores de riesgo.

“Cada hondureño debe comprender sus factores de riesgo y protección”, insistió Ayestas, en un llamado que trasciende a las autoridades y alcanza a toda la sociedad.

Mientras tanto, la cifra sigue creciendo… y con ella, la urgencia de actuar antes de que otra historia se sume a la estadística.

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