El Bajo Aguán amaneció sitiado por patrullas, retenes y operaciones especiales. La Policía Nacional lanzó una ofensiva en Rigores, Colón, luego de la masacre que dejó 20 personas muertas y volvió a exponer el nivel de violencia que persigue a esa región hondureña.

“¡Van por ellos! No permitiremos impunidad en la muerte múltiple registrada en Rigores, Colón”, advirtieron las autoridades policiales.

Equipos tácticos, inteligencia e investigación se movilizaron hacia distintos sectores considerados estratégicos.

La operación incluye reforzamiento policial y militar en caminos rurales, comunidades cercanas y puntos utilizados por estructuras criminales para movilizarse en la zona del Bajo Aguán.

El objetivo es ubicar y capturar a quienes ejecutaron una de las peores matanzas registradas recientemente en el departamento de Colón.

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Rigores enterró a sus muertos bajo miedo y silencio

Pero mientras la Policía desplegó la cacería, en Rigores el ambiente era otro: dolor, miedo y desolación.

Las 20 víctimas fueron sepultadas este viernes entre escenas devastadoras. Familias enteras caminaron detrás de los ataúdes bajo un silencio pesado que parecía cubrir por completo la comunidad.

No hubo gritos, tampoco discursos largos. Solo lágrimas, abrazos y miradas perdidas entre el polvo de las calles.

La comunidad quedó marcada por una sensación difícil de ocultar: el miedo a que la violencia vuelva a golpear.

“Nadie sabe qué puede pasar ahora”, comentó un poblador mientras observaba el paso de militares y patrullas cerca de las viviendas.

En Rigores muchos prefieren encerrarse temprano, evitar hablar y mantenerse lejos de cualquier movimiento extraño.

El temor se instaló después de la matanza y hoy domina las conversaciones entre vecinos.

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"No habrá impunidad"

Esto no se olvida y no quedará impune”, advirtió el ministro de Seguridad, Gerzon Velásquez, al referirse a los operativos desplegados en la zona del Aguán tras la masacre que estremeció a Rigores, Colón.

El funcionario aseguró que mantienen una ofensiva activa para capturar a los responsables del crimen múltiple.

La conmoción provocada por la masacre volvió a desnudar la fragilidad en la que vive el Bajo Aguán, una región golpeada durante años por conflictos agrarios, disputas violentas y constantes denuncias de inseguridad.

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Equipos policiales se han internado dentro de las empresas campesinas para dar seguridad y obtener información para el seguimiento de los grupos armados. Foto: Policía Nacional.

El Bajo Aguán vuelve a quedar atrapado por la violencia

La masacre volvió a colocar al Bajo Aguán en el centro de la crisis de violencia que durante años ha perseguido esa región del país.

Rigores carga ahora con veinte entierros recientes y una comunidad golpeada por la incertidumbre.

La presencia de policías y militares no logra borrar la tensión que se respira en los caminos, en las casas y en los rostros de quienes sobreviven al horror.

Mientras las autoridades prometen capturas y aseguran que “van por ellos”, en la comunidad persiste otra pregunta: si esta nueva cacería realmente frenará la violencia o si Rigores seguirá siendo otro nombre más en la larga lista de tragedias que marcan al Bajo Aguán.

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