La cooperación entre Washington y Honduras no surge en un momento cualquiera. Llega cuando las estructuras criminales en Centroamérica ya no operan como hace 10 años y cuando Honduras vuelve a aparecer como una pieza sensible dentro del mapa regional del narcotráfico.
Mientras Estados Unidos endurece su discurso contra los carteles, las redes criminales también cambiaron de rostro, de rutas y de métodos.
Las organizaciones se fragmentaron, se adaptaron a los golpes judiciales y comenzaron a operar bajo esquemas más flexibles, violentos y difíciles de rastrear.
Ese escenario es el que explica por qué Washington negocia ahora un programa de cooperación militar con Honduras.
El presidente Nasry “Tito” Asfura se reunió con Joseph Humire, subsecretario de Guerra de Estados Unidos, para discutir una estrategia conjunta contra estructuras criminales vinculadas al narcotráfico y otros delitos trasnacionales.
Pero detrás de esa reunión hay una preocupación mucho más amplia: el temor de que Honduras vuelva a consolidarse como un corredor estratégico para organizaciones criminales que abastecen el mercado estadounidense de cocaína y otras drogas.
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Cooperación en inteligencia, logística y operaciones
La cooperación que se negocia tendría tres ejes sensibles: inteligencia, logística y capacidad militar.
El primer eje es la información. Estados Unidos podría aportar datos clasificados, análisis de redes criminales, seguimiento de rutas, identificación de estructuras y cruces de información sobre carteles que operan desde Honduras o utilizan el país como punto de tránsito.
El segundo eje es la logística. Eso incluiría apoyo técnico, equipos, tecnología de vigilancia, capacidades de comunicación y herramientas para mejorar la respuesta del Estado en zonas donde las estructuras criminales se mueven con ventaja.
El tercer eje es el componente militar. Washington está interesado en que Honduras fortalezca el uso de sus fuerzas de seguridad y defensa contra organizaciones criminales consideradas una amenaza regional.
Eso podría traducirse en entrenamiento, asesoría, planificación conjunta y apoyo para operaciones contra redes de narcotráfico.
Aunque el alcance final del acuerdo aún no está cerrado, la negociación apunta a una cooperación más dura, más operativa y más alineada con la estrategia de seguridad de Estados Unidos para el hemisferio occidental.

La información clasificada como arma contra los carteles
Uno de los puntos más sensibles del posible acuerdo es el acceso a información clasificada de Estados Unidos.
Esa información podría servir para identificar organizaciones, mapear vínculos, seguir movimientos financieros, detectar rutas y apoyar decisiones del gobierno hondureño sobre qué estructuras deben ser tratadas como amenazas de alto nivel.
Este punto cobra mayor importancia porque Honduras aprobó recientemente una ley para declarar “terroristas” a miembros de carteles y estructuras criminales.
Con esa herramienta legal, la información de inteligencia estadounidense podría volverse clave para sustentar clasificaciones, operaciones y acciones judiciales.
El riesgo, sin embargo, está en el uso de esa información. Si no existen controles, transparencia y judicialización real, la cooperación puede terminar fortaleciendo acciones de fuerza sin desmontar las redes de corrupción que permiten operar a los carteles.
Cooperación militar no es lo mismo que resultados
La propuesta incluye coordinación en materia de seguridad, asesoría técnica y fortalecimiento de capacidades para operaciones contra carteles y redes criminales.
Aunque todavía no se conocen los alcances definitivos del acuerdo, la administración estadounidense busca reforzar alianzas regionales.
La idea es enfrentar estructuras criminales que operan en distintos países de América Latina.
La negociación también ocurre mientras Honduras endurece su discurso frente al crimen organizado.
Por eso, la cooperación militar puede ser clave si sirve para mejorar inteligencia, cerrar rutas, golpear finanzas criminales y llevar casos sólidos ante los tribunales.
Pero si solo se traduce en más despliegues, discursos y más operativos sin condenas, el país volverá a enfrentar el mismo problema con otro nombre.

Honduras dentro de la estrategia regional
La reunión entre Asfura y Humire se produjo en el contexto de la iniciativa Escudo de las Américas, impulsada por Donald Trump para fortalecer la cooperación regional contra carteles y pandillas.
Washington planteó la necesidad de aumentar la coordinación entre países de la región para enfrentar organizaciones dedicadas al narcotráfico, la extorsión y otros delitos transnacionales.
Estados Unidos considera a Honduras un punto estratégico dentro de los corredores utilizados por estructuras criminales que operan entre Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica.
Por esa razón, la cooperación militar busca fortalecer vigilancia, inteligencia y operaciones conjuntas para reducir la capacidad operativa de los carteles en la región.
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