Fredy Nájera se declaró culpable cuando decidió intentar dar marcha atrás, pasaron casi cuatro meses desde aquel 10 de diciembre de 2018, cuando admitió su responsabilidad ante una corte federal de Nueva York.

El 6 de abril de 2019, su nueva defensa presentó una moción para retirar aquella declaración y llevar nuevamente el caso hacia un juicio.

Pero detrás de esa batalla apareció un nombre inesperado: Wilter Blanco. Nájera alegó que su anterior abogado enfrentó un conflicto de interés porque también representó al narcotraficante hondureño.

El asunto cobró importancia porque Nájera quería explorar una línea de defensa relacionada con uno de los episodios más graves que pesaban sobre su caso: el asesinato del general Julián Arístides González.

Para hacerlo, necesitaba apuntar precisamente hacia Blanco.

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Fredy Nájera quería volver atrás

La historia comenzó meses antes, el 10 de diciembre de 2018 estaba previsto que comenzara el juicio contra Fredy Nájera en Nueva York.

Ese mismo día, sin embargo, el exdiputado pidió declararse culpable de dos cargos y antes de hacerlo ocurrió un intercambio que después usó su nueva defensa para intentar anular aquella decisión.

Nájera quería otro abogado y según la moción, pidió que le permitieran declararse culpable asistido por un defensor diferente, fuera público o privado. Alegó que Manuel Rocha no lo asesoró adecuadamente.

La corte no aceptó el cambio en esos términos y Nájera terminó enfrentándose a una decisión: continuar hacia el juicio con Rocha entre sus abogados o declararse culpable.

Su respuesta quedó registrada en la audiencia: “Antes que ir a juicio con un abogado que me odia, prefiero declararme culpable”, manifestó.

La declaración cerró la posibilidad inmediata de un juicio, pero no cerró la pelea entre Nájera y su abogado.

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Una relación que ya estaba quebrada

Los problemas no comenzaron aquel día. En noviembre de 2018, Nájera envió una carta a la corte quejándose de la atención que recibía de Rocha.

Aseguró que durante los tres meses anteriores su abogado solamente lo visitó dos veces.

Según Nájera, aquellas reuniones se plantearon principalmente con la exigencia de más dinero y no con la preparación de su defensa.

Llegó a decir que prefería permanecer detenido durante más tiempo antes que llegar “a ciegas” a un juicio con un abogado que, según él, no mostró interés en defenderlo.

Rocha también intentó retirarse del caso, pero cuando llegó diciembre, la relación entre ambos estaba prácticamente rota.

Y todavía faltaba el problema que la nueva defensa consideraría más delicado.

Wilter Blanco quedó en medio

Uno de los señalamientos que podía aparecer durante el juicio estaba relacionado con la muerte del general Julián Arístides González, asesinado en Honduras en diciembre de 2009.

La Fiscalía estadounidense pretendía utilizar el testimonio de Devis Leonel Rivera Maradiaga, antiguo líder de Los Cachiros.

Según describe la moción, Rivera Maradiaga estaba preparado para señalar a Nájera por su presunta participación en las discusiones alrededor del asesinato.

Nájera negaba esa responsabilidad y quería que sus abogados investigaran otra hipótesis.

Su nueva defensa aseguró que existían informes policiales hondureños y otros elementos que apuntaron hacia Wilter Blanco y relacionaron el asesinato con el decomiso de 143 kilos de cocaína.

Era ahí donde surgía el conflicto y Manuel Rocha también representó a Wilter Blanco.

pista de aterrizaje de Fredy Nájera

Defender a Nájera podía significar señalar a Blanco

Para la nueva defensa de Nájera, Rocha se colocó en una posición complicada: desarrollar la estrategia que pedía Nájera podía significar investigar y presentar información perjudicial para otro cliente suyo.

La moción sostiene que Nájera le pidió investigar tanto a Wilter Blanco en relación con el asesinato del general González.

También alegó que Rocha no informó inicialmente a Nájera sobre su representación de Blanco.

La nueva defensa convirtió ese punto en uno de sus principales argumentos para sostener que existía un conflicto de interés.

Pero había algo más, señalar hacia Wilter Blanco no solamente podía alejar a Nájera del asesinato, también podía golpear a uno de los testigos más importantes en su contra.

El objetivo también era Devis Leonel

La estrategia tenía un segundo frente: cuestionar la credibilidad de Devis Leonel Rivera Maradiaga.

La moción describe una profunda enemistad entre Rivera Maradiaga y Nájera. Según el documento, el propio Rivera reconoció que intentó matar a Nájera al menos tres o cuatro veces.

Para la nueva defensa, aquella rivalidad era fundamental y si lograban demostrar que existía otra hipótesis alrededor del asesinato del general González, podían utilizarla para atacar la versión que Devis Leonel estaba dispuesto a presentar contra Nájera.

La defensa calificó el testimonio del Cachiro como una pieza central del caso del gobierno.

Por eso Wilter Blanco terminó siendo una pieza inesperada dentro de la batalla. No porque la moción demostrara judicialmente que Blanco ordenó matar al general González.

Eso era precisamente lo que la defensa de Nájera quería investigar y utilizar para confrontar la versión de Rivera Maradiaga.

El testimonio de Devis Leonel en el caso de Fredy Näjera.

“No es verdad” que estaba satisfecho

La incomodidad de Nájera con su defensa quedó expuesta durante la propia audiencia en la que decidió declararse culpable.

El juez necesitaba establecer que estaba tomando aquella decisión voluntariamente y que se encontraba satisfecho con sus abogados.

Nájera tuvo dificultades para afirmarlo y según la transcripción recogida en la moción, manifestó que estaba “muy descontento” con la asesoría recibida.

Después fue todavía más lejos y dijo que le resultaba difícil declarar bajo juramento que estaba satisfecho con Rocha porque eso “no era verdad”.

Aun así, manifestó que si debía decir que estaba conforme con la representación para terminar el proceso, lo haría. Meses después, esas palabras regresarían a la corte y esta vez serían utilizadas contra su propia declaración de culpabilidad.

La defensa habló de una “tormenta perfecta”

Cuando Joaquín Pérez asumió como nuevo abogado, recibió alrededor de un terabyte de evidencia relacionada con el caso.

Después presentó la moción del 6 de abril de 2019 y la nueva defensa describió lo ocurrido antes de la declaración de culpabilidad como una “tormenta perfecta”.

Rocha intentó retirarse, Nájera tampoco quería continuar con él y el juicio estaba encima y la corte no concedió el aplazamiento que permitiría preparar el caso con otro defensor.

La petición buscó llevar el reloj hacia atrás y Nájera quería que la corte anulara su declaración de culpabilidad y le permitiera enfrentar un juicio.

Su nueva defensa sostuvo que las circunstancias colocaron al exdiputado ante una decisión que podía condenarlo prácticamente a pasar el resto de su vida en prisión.

Wilter quedó en medio, pero Nájera no escapó de la condena

La ofensiva judicial no consiguió cambiar el desenlace que Nájera intentó evitar. El exdiputado terminó condenado a 30 años de prisión en Estados Unidos.

Pero aquella moción de abril de 2019 dejó expuesta una batalla menos conocida que ocurrió antes de la sentencia.

Nájera no solamente intentó retirar las palabras con las que admitió su culpabilidad. También puso bajo cuestionamiento la defensa que recibió.

Desempolvó la enemistad que mantenía con Devis Leonel Rivera Maradiaga y quiso abrir otra ruta alrededor del asesinato del general Julián Arístides González.

Una ruta que llevó hacia otro poderoso narcotraficante hondureño. Wilter Blanco quedó así en medio de una batalla judicial que Fredy Nájera emprendió para regresar al juicio.

Pero al final, no logró impedir que su historia terminara con una condena de 30 años.

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