Durante años, las mujeres pandilleras aparecieron en las historias sobre maras y pandillas como novias, esposas, hermanas o compañeras de los cabecillas.

Eran personajes secundarios en expedientes policiales dominados por hombres, pero hoy la escena parece distinta y las capturas realizadas en diferentes zonas de Honduras.

Muestran a mujeres acusadas de dirigir células criminales, administrar cobros de extorsión, coordinar actividades ilícitas y, según las investigaciones, ordenar acciones violentas contra quienes se niegan a cumplir las exigencias de las estructuras.

Ya no figuran únicamente como familiares de pandilleros, ahora aparecen como objetivos principales de los operativos.

La transformación no ocurrió de la noche a la mañana, pero cada vez es más visible.

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Pandilleras: el ascenso silencioso dentro de las estructuras

Especialistas en seguridad sostienen que la participación femenina en las pandillas evolucionó durante la última década.

Las mujeres pandilleras comenzaron ocupando funciones de apoyo: trasladaban mensajes, vigilaban movimientos policiales, almacenaban dinero o servían como enlaces entre miembros de una misma estructura.

Con el tiempo, algunas acumularon poder, la captura o muerte de cabecillas, los encarcelamientos masivos y las disputas internas abrieron espacios que antes estaban prácticamente cerrados para ellas.

En ciertos sectores, las investigaciones policiales apuntan a que algunas pandilleras pasaron de colaborar a tomar decisiones.

No se trata únicamente de presencia dentro de las organizaciones, se trata de influencia.

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El dinero también pasa por sus manos

Uno de los cambios más notorios aparece en los casos de extorsión, las autoridades identifican a mujeres señaladas de coordinar cobros, controlar rutas de transporte, supervisar depósitos y administrar recursos obtenidos mediante amenazas a comerciantes, transportistas y pequeños negocios.

La lógica criminal muestra que quien controla el dinero controla parte importante de la estructura.

Por eso, en varios expedientes recientes, las mujeres pandilleras no aparecen únicamente como integrantes de una red. Son piezas clave para mantenerla funcionando.

Mientras los hombres ocupan espacios más visibles del crimen, muchas operaciones dependen de quienes administran los recursos y garantizan que el flujo de dinero continúe.

Cuando el liderazgo deja de ser una excepción

Hace algunos años, encontrar a una mujer pandillera señalada como líder de una estructura criminal era un hecho poco frecuente.

Hoy ya no genera el mismo nivel de sorpresa, los operativos policiales descubren casos de mujeres acusadas de coordinar grupos dedicados a extorsión, narcomenudeo, sicariato y otros delitos.

La tendencia llama la atención porque rompe con la imagen tradicional de las pandillas como organizaciones dirigidas exclusivamente por hombres.

Las investigaciones muestran a estructuras criminales que se adaptan constantemente y aprovechan cualquier perfil capaz de garantizar continuidad, control territorial o generación de ingresos.

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Las autoridades sostienen que cada vez más mujeres aparecen vinculadas a estructuras criminales, no solo como colaboradoras, sino también en funciones de coordinación, logística y presunto liderazgo. Foto: Ministerio Público.

Un fenómeno que preocupa

Aunque no existen cifras oficiales sobre cuántas mujeres integran maras y pandillas en Honduras, organizaciones que estudian estos fenómenos señalan que la participación femenina dentro de estas estructuras no es marginal.

Algunas estimaciones sostienen que las mujeres pandilleras representan una proporción importante de la base operativa de ciertos grupos.

Sin embargo, más allá de los porcentajes, lo que preocupa es el cambio de funciones y la discusión ya no gira únicamente sobre cuántas participan.

La pregunta ahora es cuántas toman decisiones.

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