Los organismos sanitarios de los países del mundo han demandado a sus poblaciones el uso de los tapa bocas, para evitar la propagación del coronavirus; sin embargo, las secuelas de las que más se hablan serán las económicas, dejando la medioambiental en un segundo plano.

Es indiscutible que al haberse encerrado por muchas semanas más de la mitad de la población mundial, el ambiente ha logrado tener un respiro con el saneamiento de la capa de ozono, mejor calidad del aire y de las aguas, entre otras más.

Pero la fabricación de mascarillas se ha incrementado a números jamás vistos, conllevando a un mayor uso del plástico.

 Solo China ha exportada en los primeros meses de la pandemia más de cuatro mil millones de mascarillas, recibiendo quejas de los compradores de la falta de garantía de bioseguridad.

En un artículo del diario español La Vanguardia el responsable aduanero de esa nación, Jin Hai, se exportó a unas 50 naciones desde el primero de abril al menos 3.860 millones de mascarillas, 37,5 millones de trajes de protección, 16.000 respiradores y 2,84 millones de kits de detección de la covid-19.

Materiales

Todo ha sido elaborado en su mayoría por plástico, material que es uno de los más perjudiciales al medio ambiente, de acuerdo a un informe presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PUMA) en el 2019.

El plástico es un material imprescindible para los equipos de protección individual (EPI) del personal sanitario.

Mientras que las mascarillas de protección FFP (Filtering Face Piece), contienen un material filtrante constituido por un entramado de fibras plásticas que retienen los virus.

 Otros EPI, entre los que podemos mencionar, están los guantes, las batas impermeables, las gafas y viseras y las pantallas protectoras faciales, son también fabricados con plástico.

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Durante una reciente inspección a las islas de Soko, el equipo de Oceans-Asia encontró máscaras quirúrgicas en las playas.

Los daños

En países desarrollados los ambientalistas ya comienzan a lanzar las alarmas de los daños que comienzan a evidenciar al elevarse las toneladas de estos desechos.

Sin embargo, no solo este problema se ha considerado, porque con el avance de la pandemia y las evidencias científicas de lo fácil que es contraer el virus se han aumentado la compras a domicilio con alimentos que vienen bien empaquetados por las medidas de bioseguridad, sin dejar atrás el gran número de bolsas que se tiran.

Aunque poco a poco algunas naciones están volviendo a la nueva normalidad, la nueva realidad obliga a muchos ver mamparas plásticas en los negocios.

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Las mamparas de plástico son ahora vistas en muchos comercios en el mundo. Foto tomada de Shutterstock.

Retroceso

Europa, era un continente que estaba dando pasos consientes sobre el impacto ambiental y el 2021 parecía un año prometedor contra el empleo excesivo del plástico, que deben de estar prohibidos en las naciones que integran la Unión Europea el siguiente año.

Incluso la sociedad comenzaba a demostrar conciencia sobre el uso del plástico, pero la batalla contra el covid-19 ha causado un resurgimiento de este producto.

 Sumado a ello los bajos históricos del petróleo que han permitido que se abaraten los costos de estos productos.

Los perjuicios al medio ambiente se han comenzado a ver desde los inicios de la pandemia, luego que en marzo Oceans Asia descubriera miles de mascarillas en islas deshabitadas en Hong Kong y Latau, consigna la Universidad Autónoma de Barcelona.

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