Su viaje, que comenzó con la esperanza de encontrar seguridad y una vida mejor en Estados Unidos, se ha convertido en una lucha diaria por su salud, dijo a El Sol de Tijuana.
"Me han hecho cuatro transfusiones de sangre debido a una grave anemia; es por mi tratamiento que sigo adelante", compartió María desde un albergue en Tijuana, México, donde se encuentra con su familia desde hace tres meses.
Antes de llegar a este punto, pasaron cuatro años en Monterrey, Nuevo León, un periodo durante el cual la salud de María se deterioró significativamente, enfrentando anemia y daños en el tórax que ahora requieren una cirugía costosa.
La decisión de abandonar Honduras no fue fácil. María, quien trabajaba como inspectora de línea en una fábrica, se vio forzada a dejar atrás su trabajo y parte de su familia debido al incremento en el costo de vida, la violencia y la extorsión por parte de las pandillas.

"Cuando uno no puede pagar la 'renta' que exigen los pandilleros, empiezan las amenazas y pueden llegar a matarte junto a tu familia en cualquier momento", explicó.
El viaje hacia la esperanza no ha sido menos desafiante. María, acompañada por su pareja, su yerno y un nieto, tuvo que dejar atrás a cuatro de sus siete hijos.
Durante el trayecto, vendieron chocolates para subsistir, enfrentando hambre, frío y sed. A pesar de las dificultades, como perderse en un desierto o sobrevivir en un túnel sin abrigo, la determinación de María nunca flaqueó.
Tras nueve meses de solicitud, recibió sus papeles mexicanos de refugiada, y ahora, después de cuatro meses en Tijuana, ha iniciado el proceso para solicitar asilo en Estados Unidos a través de la aplicación CBP One.
"Dios nos escuchó y, si Dios quiere, saldremos de aquí", expresó María con fe y esperanza.
Esta nota fue creada con ayuda de la Inteligencia Artificial
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