"Deben actuar ya", así de enérgico es el llamado que hizo Médicos Sin Fronteras (MSF) a los gobiernos de América Latina y el Caribe ante la crisis humanitaria que se genera por la migración.

"Estamos asistiendo a una crisis humanitaria sin precedentes, con un número inédito de personas migrantes que sufren las consecuencias de la inacción, la falta de atención y la ausencia de coordinación en proveerles de servicios básicos”, dice Gemma Domínguez, coordinadora general de proyectos de MSF en México.

Dominguez espera que tras esta reunión de altos dignatarios programada para el 22 de octubre, el enfoque cambie hacia las causas de la migración, porque lo que se observa son prácticas de control y restricción de movimientos.

Están viviendo una aglomeración y hacinamiento de personas migrantes, que se ven obligadas a vivir en asentamientos informales, en la calle, en condiciones insalubres.  

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La ruta

Esta violencia no se limita a México, sino que está presente a lo largo de la ruta en el continente. 

Alcanza máximos en la selva del Darién, en Panamá, donde las personas migrantes se enfrentan a un camino de brutal dureza durante días en el que además se exponen a criminales que los roban con violencia extrema, en la que se incluye violencia sexual.

"También es visible más al norte en Honduras y Guatemala, donde las personas atendidas por nuestros equipos relatan los abusos a los que son sometidos, incluso por algunos funcionarios oficiales", dice MSF.

En las atenciones que hace Médicos Sin Fronteras dice que las patologías y los pacientes atendidos por los equipos reflejan las condiciones pésimas de vida en la ruta.  

"Desde diarreas y enfermedades gastrointestinales por beber agua no potable, enfermedades respiratorias por dormir a la intemperie, heridas abiertas en la piel por extensas jornadas de caminata", señalan como parte de los casos que atienden.

A esto se suma el impacto que todo ello tiene en la salud mental de las personas que migran.

"Los gobiernos de la región les dejan tremendamente desprotegidos”, considera Luis Eguiluz, coordinador de MSF en Colombia y Panamá.

Asegura que "migrar no es un delito. El blindaje de las fronteras y su militarización, o las políticas represivas de deportación y persecución no reducen los flujos migratorios, sino que conducen a las mafias criminales", advierten.

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