Abrir una cuenta en redes sociales a los 11 años podría parecer un paso normal en una generación que crece pegada al teléfono. Sin embargo, una investigación presentada en Italia en 2025 encontró una señal que alimenta el debate: quienes entraron antes a estas plataformas registraron posteriormente peores resultados en italiano y matemáticas.
La investigación, publicada en Nature Human Behaviour y realizada por investigadores de la Universidad de Milán-Bicocca, puso bajo la lupa algo más específico que el tiempo frente a una pantalla: la edad de entrada a las plataformas sociales.
Así pudieron mirar hacia atrás y responder una pregunta: ¿importa la edad a la que un niño abre su primera cuenta en redes sociales? Los resultados apuntan a que sí.
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En redes sociales no solo importa cuánto, sino cuándo
Los investigadores separaron a los estudiantes según el momento en que comenzaron a utilizar redes sociales desde un teléfono propio.
Quienes abrieron su primera cuenta en sexto, séptimo u octavo grado fueron comparados por separado con estudiantes que esperaron hasta noveno grado o después.
La diferencia apareció en las pruebas académicas, indicó que el inicio temprano en redes sociales se asoció con un deterioro de los resultados de aprendizaje, principalmente en italiano y matemáticas.
En inglés, en cambio, los investigadores no encontraron el mismo patrón significativo.
La investigación forma parte del proyecto EYES UP, impulsado por la Universidad de Milano-Bicocca junto con la Universidad de Brescia y otras organizaciones.
Así reunieron información sobre la exposición temprana a teléfonos inteligentes, redes sociales y otros dispositivos digitales y la comparó con resultados escolares obtenidos durante varios años.

El problema también estaba en el bolsillo
Pero abrir Instagram, TikTok u otra plataforma temprano no fue la única pista, los investigadores encontraron evidencia de que una parte importante del efecto negativo se relacionó con algo que ocurre mucho después de crear la primera cuenta: la presencia constante del smartphone durante momentos importantes del día.
Revisarlo repetidamente puede convertir el teléfono en algo más que una herramienta de entretenimiento.
Está presente al levantarse, mientras se estudia, durante otras actividades y en momentos en los que la atención debería estar concentrada en otra tarea.
Los investigadores encontraron que esa presencia invasiva del smartphone explicó la relación entre comenzar temprano en las redes sociales y los resultados académicos posteriores.
La investigación también encontró señales consistentes en otros indicadores educativos, como las calificaciones escolares, repetición de cursos, elección de trayectoria educativa y percepción de las propias capacidades académicas.
Una diferencia que no desapareció con los años
Ese es uno de los puntos llamativos del estudio, no se observó únicamente qué ocurría inmediatamente después de que los estudiantes recibían un teléfono o abrían una cuenta.
La base de datos reconstruyó resultados académicos durante la trayectoria escolar de jóvenes de entre 7 y 16 años.
De esta manera, los investigadores compararon cómo evolucionaron estudiantes que inicialmente presentaban características similares, pero que habían comenzado a utilizar redes sociales en momentos diferentes.
El proyecto EYES UP trabajó con una muestra general de 6,609 estudiantes de secundaria de Lombardía, mientras que el análisis específico sobre uso temprano de redes sociales utilizó datos de 5,227 alumnos.
Esa diferencia explica por qué pueden encontrarse ambas cifras al consultar los resultados de la investigación.

No todo lo digital produjo el mismo resultado
Otro hallazgo evita convertir la investigación en una sentencia contra cualquier pantalla.
El proyecto EYES UP estudió distintas experiencias digitales tempranas y encontró que sus consecuencias no eran necesariamente iguales.
La preocupación se concentra especialmente en determinadas formas de exposición precoz.
Y entre ellas, el acceso temprano a las redes sociales aparece como uno de los comportamientos vinculados con resultados educativos negativos.
Ya no se trata únicamente de contar cuántas horas pasa un adolescente mirando una pantalla.
También obliga a mirar a qué edad recibió su primer smartphone, cuándo abrió su primera cuenta.
Además es ver cuánto espacio comenzó a ocupar ese teléfono en la vida cotidiana de los menores.
Tres años pueden parecer poca cosa cuando se habla de abrir Instagram o TikTok, pero entre hacerlo en los primeros años de secundaria y esperar hasta más adelante puede esconder una diferencia que no termina cuando se apaga la pantalla.
Puede llegar hasta el salón de clases.
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