Hay guerras que terminan en los acuerdos de paz, pero continúan bajo tierra. Décadas después del último disparo, las minas antipersonal son una amenaza en distintos territorios de América Latina.
No necesitan soldados ni nuevos enfrentamientos para causar daño, pueden permanecer enterradas durante años, ocultas entre caminos, campos agrícolas y zonas fronterizas, hasta que alguien las activa accidentalmente.
Mientras generaciones enteras crecen sin conocer aquellas guerras, algunos de sus explosivos todavía representan un peligro para quienes habitan o recorren los territorios afectados.
Un reportaje publicado por CNN en Español el 18 de octubre de 2026 pone la atención sobre esta herencia de los conflictos armados, particularmente en las zonas fronterizas de Chile y Perú.
Pero la historia no termina en Sudamérica. Centroamérica también conoció el peligro de las minas y Honduras fue uno de los países que tuvo que retirar explosivos de su territorio.
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Chile y Perú: las fronteras donde la guerra dejó minas
En las zonas fronterizas de Chile y Perú, las minas terrestres se convirtieron en parte de las preocupaciones de seguridad durante décadas.
En el caso chileno, numerosos campos minados se instalaron durante la dictadura de Augusto Pinochet, especialmente en áreas fronterizas del norte y del sur del país.
Su presencia respondió a las tensiones militares de aquella época, incluidas las disputas territoriales con países vecinos.
Aunque los enfrentamientos que se temían no necesariamente llegaron a producirse, los explosivos permanecieron enterrados durante años.
Chile anunció en 2020 que completó la destrucción de las minas antipersonal conocidas bajo sus obligaciones internacionales, después de un prolongado proceso de desminado.
Perú también desarrolló operaciones para retirar minas de zonas fronterizas, particularmente en territorios vinculados con antiguos conflictos y tensiones militares.
Estos antecedentes muestran que la amenaza no siempre proviene de una guerra que efectivamente estalló.
Colombia, Ecuador y Perú todavía enfrentan el desafío
El problema de las minas antipersonal no pertenece únicamente a los libros de historia.
En Colombia, décadas de conflicto armado dejaron territorios contaminados por explosivos, incluidos artefactos improvisados utilizados por grupos armados.
Según Landmine Monitor 2025, al cierre de 2024 el país registró aproximadamente 3.06 kilómetros cuadrados de terrenos confirmados o sospechosos de contaminación por minas antipersonal.
El informe identificó 214 áreas peligrosas confirmadas y otras 281 bajo sospecha.
La situación también afecta a Ecuador y Perú, donde permanecían extensiones menores de un kilómetro cuadrado pendientes de descontaminación.
Aunque las superficies parecen pequeñas, el peligro no se mide únicamente por el tamaño del terreno. Un solo explosivo puede convertir un camino cotidiano en un lugar de riesgo.
Perú solicitó ampliar hasta diciembre de 2029 su plazo para completar el desminado, mientras Ecuador pidió una nueva prórroga hasta 2027.
La falta de recursos y las dificultades operativas figuran entre los obstáculos que han retrasado estas tareas.

Honduras también tuvo que limpiar las huellas de las guerras
Honduras no vivió una guerra civil como las que golpearon a otros países centroamericanos durante la década de 1980.
Sin embargo, su territorio tampoco quedó completamente al margen de las consecuencias militares de aquella época.
Las tensiones regionales y los conflictos armados vecinos dejaron minas en zonas fronterizas hondureñas, especialmente hacia Nicaragua.
El país emprendió operaciones de desminado humanitario para identificar y retirar estos artefactos.
Según Landmine Monitor 2004, los trabajos concluyeron en junio de ese año, después de intervenciones que incluyeron el departamento de Choluteca.
En esa zona se encontraron minas enterradas a profundidades que superaban los métodos habituales de detección, lo que obligó a utilizar maquinaria pesada proporcionada por Estados Unidos.
Honduras declaró cumplidas sus obligaciones de limpieza de áreas minadas en 2004, de acuerdo con los registros internacionales de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersonal.
La experiencia hondureña forma parte de un esfuerzo regional que también permitió a Costa Rica completar su desminado en 2002, Guatemala en 2005 y Nicaragua en 2010.

¿Por qué es tan difícil encontrar una mina enterrada?
El paso del tiempo puede volver más compleja la localización de estos explosivos.
Las lluvias, la erosión y los movimientos del terreno pueden modificar las condiciones en las que fueron colocados originalmente.
Además, no todas las áreas minadas cuentan con registros completos que permitan identificar la ubicación exacta de cada artefacto.
Los equipos especializados utilizan detectores, procedimientos de reconocimiento y técnicas de remoción controlada para reducir el peligro.
Pero cada operación exige precauciones, una intervención equivocada puede provocar una explosión y poner en riesgo al personal encargado de la limpieza.
Por eso, los programas de desminado humanitario no se limitan a retirar explosivos. También incorporan actividades de prevención y educación para las comunidades.
Una deuda que América Latina todavía no termina de pagar
La Convención de Ottawa, que entró en vigor en 1999, estableció compromisos internacionales para prohibir las minas antipersonal y destruirlas en las áreas contaminadas.
A pesar de los avances, el objetivo de eliminar esta amenaza sigue sin cumplirse a escala mundial.
Landmine Monitor 2025 documentó que 32 Estados parte mantenían obligaciones pendientes de limpieza de territorios contaminados, entre ellos Colombia, Ecuador y Perú.
La región presenta realidades diferentes. Mientras Honduras, Chile y otros países completaron sus programas, otros todavía necesitan recursos y años adicionales de trabajo.
La historia de las minas antipersonal demuestra que una guerra puede terminar mucho antes de que desaparezcan sus consecuencias.
Los tratados pueden firmarse, los ejércitos retirarse y las fronteras recuperar la calma. Pero mientras quede un explosivo enterrado, una parte de aquel conflicto seguirá esperando bajo tierra.
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