Barbados está a punto de cortar los lazos con la monarquía británica para convertirse en la república más joven del mundo: su actual representante, la gobernadora general Sandra Mason, sustituirá esta semana a la reina Isabel II como jefa de Estado.

Sin embargo, el legado de un pasado colonial y el impacto de la pandemia en el turismo plantean importantes retos para la isla caribeña, famosa por sus playas y su gusto por el criquet.

Las ceremonias previstas para la noche del lunes 29 de noviembre incluirán desfiles militares y celebraciones por la toma de posesión de Mason como presidenta, con el príncipe Carlos, heredero del trono británico, como espectador.

En un discurso que pronunciará en la ceremonia de transición, Carlos se centrará en los lazos permanentes entre los dos países.

"En momentos en que cambia el estatus constitucional, era importante para mí que me uniera a usted para reafirmar aquellas cosas que no cambian. Por ejemplo, la asociación cercana y confiable entre Barbados y Reino Unido como miembros vitales del Commonwealth", señala un comunicado de la oficina del príncipe que anticipa pasajes de su discurso.

El inicio de una nueva era ha alimentado el debate entre la isla de 285,000 habitantes sobre los siglos de influencia británica, que incluyen más de 200 años de esclavitud, hasta 1834, y la independencia definitiva de Barbados en 1966.

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