“El deterioro medioambiental, cambio climático, degradación del suelo, la sequía… Es imposible promover la paz y la seguridad si los acuerdos de paz no incluyen estas cuestiones, porque las causas profundas de los conflictos en todo el mundo son el acceso a la tierra, al agua y los conflictos por la gestión de los recursos transfronterizos”, indicó el responsable mauritano en la Cumbre del Clima COP28, que se celebra en Dubái.

Preguntado por el actual conflicto entre Israel y el grupo islamista Hamás, el responsable no mencionó concretamente esta guerra, aunque sí puntualizó de manera general que los conflictos  “perturban el desarrollo”, por lo que es “sumamente importante” que todos tengan presente “la posibilidad de que existan vínculos entre la degradación de los recursos naturales y la seguridad”.

El medioambiente se olvida en los conflictos

De acuerdo a datos recientes del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en toda la Franja de Gaza, más de 234.000 viviendas han sufrido daños y más de 46.000 han quedado completamente destruidas, más del 60 % de todas las residencias en la zona.

Y tan solo en la ciudad de Gaza y en el norte del enclave, el principal escenario del asalto israelí, los “bombardeos extensivos” han provocado daños en más del 50 % de todos los edificios, junto con daños generalizados en carreteras e infraestructuras esenciales, como sistemas eléctricos y redes de distribución, y tanques de almacenamiento de agua, tuberías, redes de suministro y canales de drenaje, según el informe.

En el frente sur del Líbano, el Gobierno libanés y ONG internacionales como Human Rights Watch o Amnistía Internacional han denunciado que Israel habría usado en sus ataques fósforo blanco,  sustancia química que se dispara en proyectiles, bombas, y se prende al ser expuesta al oxígeno, dando lugar a una reacción química que genera una temperatura intensa de 815 grados Celsius.

Este tipo de acciones, que el Estado judío ha negado haber llevado a cabo, provocaron incendios en esa zona tan fértil del país mediterráneo.

En referente a los conflictos y a los datos de destrucción que persiguen a las guerras, Thiaw llegó a una conclusión: “Las cuestiones de seguridad se han convertido en algo muy importante en nuestras vidas y, por desgracia, hay muy pocos líderes en el mundo que establezcan la conexión entre el deterioro medioambiental y los conflictos actuales”.

Es cierto que en los discursos de alrededor de 140 líderes mundiales que han pasado por los atriles de los dos días de cumbre dedicados a ellos en la COP28, muy pocos han hablado de los conflictos en general, y mucho menos de lo que ocurre en Gaza, salvo contados como el presidente colombiano, Gustavo Petro, de Brasil, Lula da Silva, o el rey jordano, Abdalá II.

Aunque en las reuniones bilaterales, este conflicto sí se ha tratado e incluso el presidente israelí, Isaac Herzog, se encontró con algunos líderes en la COP28, aunque decidió a última hora desaparecer del atril sin previo aviso.

Thiaw señaló que es “sumamente importante que seamos capaces de situar estas cuestiones en el centro de los programas de lucha contra la inseguridad en el mundo, de lucha contra la inmigración ilegal en el mundo y de planificación de la paz y  pacificación en las relaciones internacionales”.

La cooperación es esencial

Más allá de las guerras, también pueden aparecer conflictos políticos por los nuevos gobiernos que llegan a los países, como puede ser el nuevo de Argentina con el ultraderechista Javier Milei, que niega el cambio climático.

Al respecto, Thiaw aseveró que está esperando lo que hace el nuevo gobierno y recordó que cada país es soberano.

Argentina es uno de los más de 30 países que apoyan la Alianza Internacional para la Resiliencia ante la Sequía (IDRA), impulsada por España y Senegal y lanzada en paralelo el año pasado en la COP27 (Egipto).

IDRA es la primera coalición mundial dedicada movilizar el capital político, y los recursos financieros y técnicos para un futuro resiliente a la sequía.

“Creemos que es extremadamente importante promover la cooperación internacional y que ningún país puede hacerlo solo”, dijo, y añadió que la sequía y la degradación del suelo son fenómenos transnacionales, por lo que “la cooperación es absolutamente esencial”.