Una brutal masacre terrorista, aparentemente causada por los remanentes de Sendero Luminoso en una remota y selvática región de Perú, irrumpió con toda crudeza en la polarizada campaña electoral del país andino y trajo a la memoria los episodios de la descarnada violencia política de décadas pasadas.

Fuentes del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas confirmaron el asesinato de 14 personas - otras elevaron las víctimas a 18- entre ellos dos menores de edad cuyos cuerpos habían sido calcinados, en un remoto poblado en el selvático Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro.

La masacre, que dejó una crudas imágenes que han corrido como la pólvora en las redes sociales, tuvo lugar en un improvisado local utilizado como bar y prostíbulo por la población local, en su mayoría dedicada al cultivo de coca.

En ese sentido, el ataque fue identificado por las Fuerzas Armadas como una acción que los terroristas denominan "limpieza social", tal y como parece confirmar un panfleto supuestamente dejado por los asesinos en el lugar en el que reivindicaban la necesidad de limpiar Perú "de prostíbulos, de orates, de degenerados homosexuales y lesbianas, de drogadictos, de individuos indisciplinados…".

En ese documento, difundido en redes sociales por el responsable de Interior de la campaña de la candidata presidencial Keiko Fujimori, Fernando Rospigliosi, los terroristas piden a los peruanos no votar en las elecciones del próximo 6 de junio.

Al parecer, los remanentes de Sendero Luminoso, que persisten en la zona como guardaespaldas y socios del narcotráfico, habían advertido a los dueños de los locales que abandonaran el lugar y el ataque se produjo por la desobediencia a sus órdenes.

El grupo guerrillero Sendero Luminoso, en un lugar no revelado de la selva del Alto Huallaga, sureste de Perú, el 2 de diciembre de 2011. (Foto: AFP)

Campaña polarizada

La masacre cometidas por Sendero Luminoso son una práctica muy común en períodos electorales peruanos.

Sin embargo, en esta ocasión, con la presidencia en disputa entre Pedro Castillo (izquierda) y Keiko Fujimori (derecha) en el marco de una campaña muy polarizada cobran especial relevancia.

Durante toda la campaña desde el bando de la heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) y varios medios de comunicación afines se intenta vincular a Castillo y su partido, Perú Libre, con el grupo terrorista.

Varios diputados electos por la organización de extrema izquierda tienen denuncias por su supuesta vinculación con ese grupo y de hecho uno de ellos, Guillermo Bermejo, está a punto de ser juzgado por ese motivo.

Castillo no ha cejado de subrayar no solo su rechazo al terrorismo, sino también el hecho de que él perteneció a las rondas campesinas, la milicia rural que combatió con éxito al grupo terrorista durante los años más duros del conflicto interno peruano (1980-2000) que dejó más de 69.000 muertos, según el informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR).

El candidato fue precisamente uno de los primeros en rechazar el atentado con vehemencia en cuanto conoció la noticia y pidió su respeto a las víctimas y que la acción de la Justicia caiga con todo su peso sobre los responsables.

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