Durante la madrugada del lunes 21 de abril, a la 1:35 a. m. (hora de Honduras), falleció el papa Francisco a sus 88 años, en su residencia de la Casa Santa Marta, junto a la Basílica de San Pedro.
La noticia la dio a conocer por el camarlengo, cardenal Kevin Farrel, quien confirmó con voz quebrada y rostro sombrío: “Con profundo dolor informo que Su Santidad ha partido a la casa del Padre”.
La muerte del papa deja a millones de fieles en duelo, pero también activó un protocolo milenario que establece los pasos para guiar a la Iglesia en uno de sus momentos más solemnes: la elección de un nuevo sumo pontífice.
El ritual del fin
El primer paso se cumple en silencio y con precisión. El Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, junto con el Canciller de la Cámara Apostólica, certifica oficialmente el fallecimiento y firma el acta correspondiente.
Una vez hecho esto, la habitación y el estudio del papa se sellan, marcando el final de su pontificado.
El personal de servicio podrá permanecer en la residencia solo hasta su sepultura, y todo el apartamento queda en resguardo.
El siguiente acto simbólico lo ejecuta el Cardenal Vicario, quien asume el anuncio formal al pueblo romano y se convierte en el custodio de los palacios vaticanos.
Él es también quien, en un ritual privado y cargado de simbolismo, destruye el “Anillo del Pescador” del pontífice que fallece y cierra oficialmente su ciclo espiritual y administrativo.
¿Cómo se elige al nuevo Papa?
La Iglesia entra entonces en una fase de discernimiento. Se convoca al cónclave, una palabra que significa literalmente “bajo llave”, y que refleja la naturaleza cerrada y secreta de esta elección.
Los cardenales con derecho a voto (menores de 80 años) son citados a la Ciudad del Vaticano y se alojan en la Casa Santa Marta.
Pero es en la Capilla Sixtina donde se lleva a cabo la elección, bajo el fresco del Juicio Final de Miguel Ángel, símbolo del peso eterno de sus decisiones.
Las votaciones se desarrollan hasta cuatro veces al día: dos por la mañana y dos por la tarde.
Para que un cardenal sea elegido, debe obtener una mayoría de dos tercios. Si en tres días no hay consenso, se hace una pausa de reflexión y oración, antes de reanudar el proceso.
Durante el cónclave, los cardenales están incomunicados. No pueden usar teléfonos ni acceder a medios de comunicación. Su única misión es elegir al próximo obispo de Roma, sucesor de Pedro y líder espiritual de más de 1,300 millones de católicos.
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El mundo espera el humo blanco
La señal de que un nuevo papa es electo llega a través de un antiguo gesto: el humo blanco que emerge de la chimenea de la Capilla Sixtina.
Hasta entonces, el mundo católico y no católico observa con expectación cada movimiento del Vaticano.
El próximo pontífice no solo heredará los símbolos y responsabilidades de San Pedro, sino también los grandes retos de una Iglesia en un mundo cada vez más dividido, tecnológico y plural.
La muerte de un papa no solo cierra una era; abre también un tiempo de búsqueda, silencio y fe.
En el Vaticano, todo está listo para comenzar el camino que conducirá al nuevo pastor de la Iglesia católica.
Un camino de oración, secreto y esperanza que, una vez más, decidirá quién llevará el anillo del pescador.
