La crisis de biodiversidad en América Latina y el Caribe también plantea desafíos para Honduras, donde los bosques, ríos y ecosistemas sostienen recursos esenciales para la población.

El deterioro no se limita a la desaparición de animales, también compromete los procesos naturales que permiten conservar el agua, mantener la fertilidad de los suelos y producir alimentos.

El Informe Planeta Vivo 2026, elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Sociedad Zoológica de Londres, presenta una cifra contundente: las poblaciones de vertebrados monitoreadas en América Latina y el Caribe registraron una disminución promedio del 95 % entre 1970 y 2022.

Es el retroceso más pronunciado entre las regiones analizadas y supera ampliamente el promedio mundial del 73 %.

El indicador mide la variación promedio del tamaño de determinadas poblaciones de especies estudiadas durante más de cinco décadas.

Sin embargo, el resultado coloca bajo la lupa las presiones que también afectan a los ecosistemas hondureños.

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Bosques de América Latina: una crisis que supera el promedio mundial

Los bosques de América Latina enfrentan presiones que amenazan la biodiversidad.

Su transformación y degradación reducen los hábitats de numerosas especies y alteran el equilibrio de los ecosistemas.

El Informe identifica la conversión de bosques, pastizales y humedales entre las principales causas del deterioro de la vida silvestre en la región.

Los resultados revelan una disminución promedio del 95 % en el tamaño de las poblaciones de vertebrados monitoreadas en América Latina y el Caribe entre 1970 y 2022.

A la pérdida de hábitats se suman la construcción de represas, la sobreexplotación de especies, el cambio climático y las enfermedades.

Para Honduras, estos hallazgos adquieren relevancia por la relación entre sus bosques, las fuentes de agua y las actividades productivas que dependen de los recursos naturales.

vida silvestre

Los ríos también están perdiendo vida

Uno de los hallazgos más preocupantes del documento está relacionado con los ecosistemas de agua dulce.

Las poblaciones monitoreadas de vertebrados que habitan ríos y lagos registraron una disminución promedio mundial del 85 % entre 1970 y 2022, superior a la observada en los ecosistemas terrestres y marinos.

WWF explica que las especies de agua dulce enfrentan amenazas que se originan incluso lejos del lugar donde viven.

La contaminación, los cambios en el uso del suelo, la modificación de los cauces y la construcción de infraestructura pueden alterar las condiciones necesarias para su supervivencia.

Las represas y los desvíos de agua, por ejemplo, pueden interrumpir rutas migratorias utilizadas por determinadas especies de peces.

En Honduras, esta relación obliga a mirar los ríos más allá de su importancia para el abastecimiento humano, la agricultura o la generación de energía.

Un río también constituye un ecosistema donde distintas especies dependen de la calidad del agua, la conectividad de sus cauces y las condiciones de las cuencas.

Cuando esas condiciones cambian, las consecuencias pueden extenderse a otras formas de vida y a los servicios naturales que recibe la población.

Honduras y su relación con el agua

Los bosques cumplen funciones que muchas veces pasan inadvertidas hasta que comienzan a deteriorarse.

Ayudan a regular los ciclos del agua, proteger los suelos, almacenar carbono y mantener condiciones favorables para numerosas especies.

El informe recuerda que el agua potable depende, en buena medida, de la conservación de las cuencas hidrográficas.

También señala que la pérdida y degradación de hábitats naturales constituye el principal factor de deterioro de la biodiversidad terrestre.

A escala mundial, se estima que entre 1990 y 2020 se deforestaron 420 millones de hectáreas, principalmente por la conversión de terrenos forestales en áreas destinadas a la agricultura permanente.

Para Honduras, la discusión adquiere una dimensión práctica: proteger un bosque también significa proteger parte de las condiciones naturales que favorecen la disponibilidad y calidad del agua.

Esto resulta especialmente importante para las comunidades que dependen de fuentes superficiales, nacimientos y microcuencas.

Honduras y el informe

La crisis de biodiversidad también amenaza la producción de alimentos

La relación entre naturaleza y alimentación constituye otro de los puntos centrales del informe.

Los cultivos dependen de los polinizadores, de los microorganismos que mantienen la fertilidad de los suelos y de condiciones ambientales que permiten sostener la producción agrícola.

Cuando estos procesos se alteran, también pueden verse afectados los sistemas alimentarios.

WWF identifica la agricultura como una de las principales actividades responsables de la transformación de hábitats naturales a escala mundial.

El desafío consiste en desarrollar prácticas agrícolas capaces de mantener la productividad sin destruir los ecosistemas de los que depende la propia actividad.

En Honduras, donde la agricultura forma parte de la economía y del sustento de numerosas comunidades rurales, esta relación merece especial atención.

La conservación de la biodiversidad también está vinculada con la capacidad de los territorios para continuar produciendo alimentos.

Honduras ante una cuenta regresiva hacia 2030

El informe establece 2030 como un año decisivo para los compromisos internacionales destinados a detener y revertir la pérdida de biodiversidad.

La meta forma parte del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022.

WWF advierte que los esfuerzos actuales todavía no alcanzan la escala necesaria y plantea cambios en los sistemas de producción de alimentos, energía y financiación.

Para Honduras, el desafío es convertir esos compromisos en acciones concretas y medibles que permitan proteger sus recursos naturales.

Esto incluye proteger cuencas, conservar hábitats, recuperar ecosistemas y garantizar la participación de las comunidades.

El documento deja claro que la pérdida de naturaleza tiene consecuencias que trascienden la desaparición de especies.

Honduras no solo se juega la supervivencia de sus bosques, ríos y especies silvestres, sino también la protección de sus recursos naturales.

De ellos dependen el abastecimiento de agua, la producción de alimentos y los medios de vida de miles de hondureños.

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