Un terremoto de magnitud 7.4 sacudió Colombia el pasado 10 de agosto de 2026 y provocó fuertes movimientos desde Quibdó hasta Bogotá.

Tres meses antes, dos sismos de magnitud 7.5 y 7.2 causaron severos daños en La Guaira, Venezuela, donde más de 1,400 edificios resultaron destruidos.

Cada terremoto de gran magnitud vuelve a colocar una pregunta sobre la mesa: ¿cuál será la próxima gran ciudad golpeada por un sismo?

La ciencia ofrece una respuesta que puede resultar incómoda. Los especialistas pueden calcular con bastante precisión qué regiones enfrentan mayor riesgo sísmico, pero ningún organismo científico puede señalar la fecha, hora, ubicación exacta y magnitud del próximo terremoto.

Los investigadores analizan fallas geológicas, movimiento de placas tectónicas, registros históricos, características del suelo y vulnerabilidad de las construcciones para establecer niveles de amenaza.

El peligro aumenta cuando una ciudad combina millones de habitantes, edificios poco resistentes y cercanía con fallas o zonas de contacto entre placas tectónicas.

Terremotos
Los grandes terremotos representan una amenaza constante para varias ciudades de América, donde la ubicación geológica y la vulnerabilidad de las construcciones elevan el riesgo.

De acuerdo al Global Earthquake Model, Servicio Geológico de Estados Unidos, citado por el sitio Qpasa, Estas condiciones convierten a varias ciudades de América en lugares particularmente vulnerables ante grandes terremotos.

Los Ángeles, Estados Unidos

Los Ángeles enfrenta una amenaza constante por su cercanía con el sistema de fallas de San Andrés, uno de los sistemas tectónicos más conocidos del planeta.

La falla marca parte del límite entre las placas del Pacífico y Norteamericana. Ambas se desplazan entre sí y acumulan tensión en diferentes segmentos de la corteza terrestre.

Cuando las rocas liberan esa energía acumulada, generan movimientos sísmicos que pueden alcanzar gran intensidad.

La enorme población del área metropolitana de Los Ángeles también incrementa el riesgo. Además, algunas construcciones antiguas y diferentes tipos de infraestructura podrían sufrir graves daños durante un terremoto fuerte.

Las autoridades mantienen programas de reforzamiento estructural y planes de emergencia, aunque la amenaza sísmica seguirá formando parte de la realidad de California.

Quito, Ecuador

Quito también ocupa una zona geológicamente compleja. La capital ecuatoriana se encuentra en la región andina y forma parte de un país ubicado dentro del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, donde ocurre una intensa actividad tectónica y volcánica.

La formación de la Cordillera de los Andes responde precisamente a millones de años de movimientos entre placas tectónicas.

Algunos sectores de Quito presentan terrenos capaces de intensificar las ondas sísmicas. A esa condición se suma la existencia de edificaciones antiguas que requieren mejoras estructurales para enfrentar movimientos fuertes.

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Ecuador conoce de cerca el impacto de los grandes terremotos. En 1987, un potente evento sísmico provocó graves daños y dejó más de mil muertos en el país.

En abril de 2016, otro terremoto de magnitud 7.8 golpeó principalmente la costa ecuatoriana y dejó cientos de muertos y miles de heridos. Quito también sintió con fuerza aquel movimiento.

Lima, Perú

Lima concentra otro de los escenarios sísmicos más delicados de Sudamérica.

La capital peruana se encuentra cerca de la zona donde la placa de Nazca se introduce debajo de la placa Sudamericana. Ese proceso acumula enormes cantidades de energía y genera numerosos terremotos a lo largo de la costa del Pacífico.

La ciudad también reúne a millones de habitantes y presenta importantes diferencias en la calidad de sus construcciones.

Algunas viviendas y edificios carecen de condiciones adecuadas para resistir movimientos extremos, especialmente en sectores donde la urbanización avanzó sin suficiente planificación.

Un terremoto de gran magnitud cerca de Lima podría afectar viviendas, carreteras, servicios básicos y otras infraestructuras esenciales.

Por esa razón, autoridades y especialistas insisten en mejorar las construcciones, preparar rutas de evacuación y mantener planes familiares de emergencia.

Ciudad de México, México

Ciudad de México presenta una característica que puede multiplicar los efectos de determinados terremotos: buena parte de la capital ocupa terrenos donde antiguamente existieron lagos.

Los sedimentos blandos pueden amplificar las ondas sísmicas y prolongar el movimiento en determinadas zonas urbanas.

México también enfrenta una intensa actividad tectónica por la interacción de varias placas, entre ellas las placas de Cocos y Norteamericana.

La historia muestra la vulnerabilidad de la capital. El terremoto del 19 de septiembre de 1985 provocó el colapso de numerosos edificios y dejó miles de víctimas.

Después de aquella tragedia, México fortaleció normas de construcción, protocolos de emergencia y sistemas de alerta sísmica. Sin embargo, las características del subsuelo y la actividad tectónica mantienen vigente el riesgo.

Valparaíso, Chile

Valparaíso figura entre las ciudades sudamericanas con mayor exposición a terremotos debido a la intensa actividad tectónica frente a la costa de Chile.

En esa región, la placa de Nazca avanza debajo de la placa Sudamericana. Este proceso genera terremotos frecuentes y también alimenta la actividad volcánica de los Andes.

Chile ha registrado algunos de los terremotos más potentes de la historia y cuenta con una larga experiencia en normas antisísmicas.

Aun así, ciudades costeras como Valparaíso enfrentan un peligro adicional: un gran terremoto submarino también puede generar un tsunami.

La cercanía con el océano obliga a mantener rutas de evacuación, zonas seguras y protocolos especiales para abandonar rápidamente las áreas bajas después de un terremoto fuerte.

Riesgo no significa predicción

Los científicos pueden identificar las regiones donde existe mayor probabilidad de grandes terremotos durante periodos prolongados. Sin embargo, esa capacidad no equivale a predecir un evento específico.

Hasta ahora, ninguna institución científica dispone de un método confiable para anunciar con anticipación el día y la hora de un terremoto.

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