Un martillo guardado en una caja de herramientas terminó en el centro de una acusación federal contra un hondureño de 27 años en Estados Unidos.
Lo que comenzó como una parada de tránsito terminó con agentes de ICE utilizando gas pimienta para detenerlo.
El protagonista del incidente es Reinieri de Jesús Licona Amador, señalado por las autoridades estadounidenses de utilizar un martillo para intentar agredir a dos agentes migratorios en Gibbsboro, Nueva Jersey.
Según la Fiscalía federal, el hondureño tomó la herramienta cuando los oficiales se acercaron a su camioneta.
Posteriormente, salió por el lado del acompañante y blandido el martillo en dirección a los agentes.
El episodio, ocurrido el 4 de octubre de 2026, terminó convirtiéndose en un proceso penal que podría costarle hasta 20 años de prisión.
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El martillo que complicó la detención del hondureño
Los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) realizaban un operativo migratorio cuando identificaron una camioneta registrada a nombre de Licona Amador.
Al consultar los registros, determinaron que el conductor no contaba con autorización legal para permanecer en Estados Unidos.
Los oficiales activaron las luces de emergencia para detener el vehículo y hasta ese momento, el procedimiento correspondía a una intervención migratoria.
Sin embargo, cuando los agentes se aproximaron a la camioneta, observaron que el conductor tomó un martillo de una caja de herramientas ubicada en el asiento trasero.
De acuerdo con la denuncia federal, los agentes le ordenaron detener sus movimientos, pero el hombre no obedeció.
Cuando intentaron sacarlo del vehículo, Licona Amador se desplazó hacia el asiento del acompañante, por donde posteriormente salió.
Fue entonces cuando, según la acusación, se subió a la puerta de la camioneta y comenzó a balancear repetidamente el martillo en dirección a dos agentes de ICE.
Los oficiales respondieron utilizando gas pimienta y finalmente lograron reducirlo.
La Fiscalía informó que al hondureño lo detuvieron sin resultar lesionado.
De un martillo a una acusación federal contra el hondureño
El incidente no quedó únicamente en una intervención migratoria. Las autoridades estadounidenses presentaron cargos contra Licona Amador por presunta agresión a funcionarios federales utilizando un objeto peligroso.
El 19 de octubre compareció ante la jueza magistrada federal Elizabeth A. Pascal, en un tribunal de Camden, Nueva Jersey.
La acusación contempla una pena máxima de 20 años de prisión y una multa de hasta 250,000 dólares, si es declarado culpable.
La gravedad del caso no depende solamente de la herramienta utilizada, sino de que los presuntos afectados eran agentes federales que se encontraban desempeñando sus funciones.
El fiscal federal Robert Frazer advirtió sobre los riesgos que representan las agresiones contra funcionarios encargados de hacer cumplir la ley.
El hondureño que habría desafiado las órdenes de ICE
El expediente describe varios momentos en los que los agentes ordenaron al conductor detener sus movimientos, primero dentro de la camioneta y después cuando intentaban sujetarlo.
Según la versión oficial, los agentes llevaban chalecos identificados con las palabras ICE y Policía, además de sus respectivas insignias.
La Fiscalía sostiene que el hondureño continuó sujetando el martillo pese a las órdenes recibidas.
Michael S. McCarthy, agente especial a cargo de Investigaciones de Seguridad Nacional en Nueva Jersey, calificó como inaceptables las amenazas y agresiones contra funcionarios federales.
El funcionario también advirtió que estos incidentes ponen en riesgo tanto al personal de seguridad como a la población.

El martillo, la prueba central de un caso que sigue abierto
La acusación gira alrededor de un objeto común: un martillo que, según las autoridades, lo usó para amenazar a los oficiales durante una detención.
La diferencia entre enfrentar un procedimiento migratorio y responder por un delito federal puede resultar decisiva para el futuro del hondureño.
Por ahora, Licona Amador conserva su presunción de inocencia y cuenta con representación de un defensor público federal.
El caso comenzó con una camioneta detenida a un costado de la carretera, pero terminó en los tribunales de Nueva Jersey.
Un martillo es ahora el elemento central de una acusación que podría significar hasta dos décadas de prisión para el hondureño.
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