La historia del papado conoció uno de sus episodios más tensos y prolongados con la elección de Gregorio X, un proceso que marcó un antes y un después en la normativa para designar al Sucesor de Pedro.
Entre 1268 y 1271, la Iglesia vivió una de sus más extensas sedes vacantes, durante la cual la elección del nuevo papa se prolongó por casi tres años, hasta culminar el 1 de septiembre de 1271 con la designación de Tebaldo Visconti.
Este extenso interregno, conocido como el Cónclave de Viterbo, expuso los graves problemas de división interna entre los cardenales, de acuerdo a lo que recopila Vatican News.
El colegio electoral estaba fragmentado entre dos grandes bloques: los cardenales franceses, afines al anterior papa Urbano IV, y los italianos, que bloqueaban sistemáticamente a cualquier candidato propuesto por el bando contrario.

La parálisis llevó a los habitantes de Viterbo a tomar medidas desesperadas: encerraron a los cardenales en el palacio papal, retiraron el techo del edificio y redujeron drásticamente su alimentación hasta que se lograra una elección.
Finalmente, ante la imposibilidad de consenso, se acordó delegar la decisión en una comisión de seis cardenales, que eligieron a Tebaldo Visconti, un archidiácono que en ese momento se encontraba en Tierra Santa.
Pese a no haber sido ordenado sacerdote aún, fue aceptado por unanimidad y se convirtió en Gregorio X.

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Cónclave que cambió la historia de la elección del papa
A raíz de esta amarga experiencia, Gregorio X impulsó una reforma sin precedentes: la promulgación de la Constitución Apostólica Ubi Periculum, aprobada el 16 de julio de 1274 durante el Concilio de Lyon II.
En este documento, por primera vez se utilizó el término 'cónclave' -del latín cum clave, 'bajo llave'-, haciendo obligatoria la reclusión de los cardenales en un espacio cerrado y bajo condiciones estrictas hasta que se alcanzara una elección.

La normativa incluía medidas como la reducción progresiva de las comidas: dos platos durante los primeros días, luego solo pan, agua y vino si la elección se prolongaba.
Además, se prohibía a los cardenales recibir cualquier compensación económica durante el proceso. Estas reglas, revolucionarias para la época, buscaban forzar el consenso y evitar futuras sedes vacantes prolongadas.
El documento, conservado en el Archivo Apostólico Vaticano, incluye ocho ratificaciones firmadas por representantes de diversas naciones y órdenes religiosas.

Esta Constitución sentó las bases de la actual legislación sobre los cónclaves, contenida en Universi Dominici Gregis, promulgada por Juan Pablo II en 1996.
Hoy, más de siete siglos después, la Iglesia sigue inspirándose en aquella experiencia para recordar a los cardenales la gravedad de su misión: elegir, en conciencia y sin presiones externas, al nuevo Vicario de Cristo.
Como afirmaba Ubi Periculum, el deber de los cardenales es "buscar sin temor lo que es de utilidad común" y procurar "dar a la Iglesia un digno esposo".
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