El juez federal P. Kevin Castel resolvió negar la solicitud con la que el narcotraficante hondureño Geovanny Fuentes Ramírez intentaba tumbar su condena.
La decisión no deja espacio a interpretaciones: no habrá revisión, no habrá reducción, no habrá salida.
Fuentes Ramírez, condenado en 2021 tras un juicio de dos semanas, buscó anular o corregir su sentencia bajo el amparo del 28 U.S.C. § 2255, un recurso utilizado por reos federales para cuestionar la legalidad de sus condenas.
Incluso intentó reformular su petición con una moción enmendada, pero el tribunal fue claro desde el inicio: cualquier argumento fuera de esa nueva versión quedaría abandonado.
Y así fue. La Corte rechazó en su totalidad la solicitud y no solo negó el recurso, sino que cerró la puerta a cualquier otro alivio.
También determinó que Fuentes Ramírez no logró demostrar la violación de un derecho constitucional, un requisito clave para avanzar en apelaciones.
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Geovanny Fuentes no podrá apelar
El golpe final vino después: tampoco se le concedió el certificado de apelabilidad, lo que en términos simples significa que no tiene vía para escalar su caso.
Y por si fuera poco, el tribunal certificó que cualquier apelación no sería de buena fe, negándole incluso el beneficio de litigar sin costos.
El expediente entonces se cierra.

De laboratorio en Cortés a cadena perpetua
La historia de Fuentes Ramírez no se construyó en tribunales, sino en las sombras del narcotráfico.
Desde al menos 2009, operó un laboratorio de cocaína en Cortés, donde producía cientos de kilos mensuales.
Recibía cargamentos por aire y mar, coordinaba rutas y protegía su operación con hombres armados, además de contar —según fiscales— con apoyo de policías y militares hondureños.
El entonces fiscal federal Damian Williams lo resumió sin rodeos: "Fuentes Ramírez inundó de cocaína Estados Unidos, sobornó a altos funcionarios y sostuvo su imperio con violencia".
Violencia extrema
Entre 2010 y 2013 participó en actos criminales ligados al narcotráfico. En uno de los episodios más brutales, tras un allanamiento a su laboratorio, torturó y ejecutó a un agente al que consideraba responsable. Lo describió como “tiros de gracia”.
Ese historial lo llevó a una condena inevitable: cadena perpetua por tráfico de cocaína y delitos con armas.

Sin salida
Hoy, con 56 años, Fuentes Ramírez enfrenta una realidad inamovible: pasará el resto de su vida en una prisión federal de Estados Unidos.
Ni los recursos legales, ni los tecnicismos, ni las nuevas mociones lograron alterar el veredicto.
La justicia ya habló y esta vez, no hubo grietas por donde escapar.
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