A finales de octubre y principios de noviembre, México se llena de altares, catrinas y ofrendas en la que los muertos son bienvenidos y venerados, pues según la creencia regresan al mundo de los vivos para convivir con sus familiares, para nutrirse de la esencia de los alimentos.

Esta festividad tiene su origen hace 500 años y proviene de la conmemoración que realizaban los indígenas en tiempo prehispánicos junto a la celebración de los rituales religiosos católicos traídos por los españoles.

De acuerdo con el calendario, el 1 de noviembre corresponde a Todos los Santos, día dedicado a los 'Muertos Chiquitos' o niños, y el 2 de noviembre a Fieles Difuntos, es decir a los adultos.

Las personas se preparan con semanas de anticipación para el Celebrar el Día de Muertos, entre las actividades hacer son: visitar a los familiares cercanos y llevarles flores y altares, mientras en otros lados se crea un gran desfile.

Esta acción se puede hacer en el cementerio, pero muchas familias deciden realizar altares u ofrenda en su casa. Además, en este día, algunos niños leen cuentos para entender el significado de esta fecha.

Cuentos de Día de Muertos cortos para niños

La Visita de Abuelita Cata

Un día, Sofía colocó una foto de su abuelita Cata en el altar de la casa. Al caer la noche, la niña se quedó dormida cerca de las velas y las flores. De repente, sintió una suave brisa y escuchó una risa conocida. ¡Era la abuelita Cata! Con su vestido floreado y un sombrero de cempasúchil, la abuelita le contó a Sofía lo feliz que estaba de ser recordada con tanto amor. Le enseñó a bailar un son alegre antes de despedirse, prometiéndole que siempre la visitaría cada Día de los Muertos.

La Fiesta de Alebrijes en el Cementerio

Mateo y Ana acompañaron a sus papás al cementerio para decorar la tumba de su abuelo Tomás. Mientras ponían las flores, vieron algo curioso: ¡los alebrijes del altar comenzaban a moverse! Eran los guardianes del abuelo, figuras coloridas que cobraban vida esa noche para llevar alegría a todos los espíritus. Los alebrijes invitaron a los niños a una fiesta mágica con música, tamales y chocolate caliente. Mateo y Ana se despidieron de sus nuevos amigos con la promesa de volver cada año a celebrar.

El Pan de Muerto de la Abuela Lola

El pan de muerto de la abuela Lola era el favorito de Julián. Cada Día de los Muertos, el aroma dulce llenaba la casa. Una noche, después de comer un pedacito del pan, Julián soñó que visitaba a su abuela en un campo lleno de cempasúchil. La abuela le dijo que el pan de muerto era su manera de decirle “te quiero” desde el más allá. “Cada mordisco es un abrazo”, le explicó. Julián despertó con una sonrisa y un sabor dulce en la boca.

Personas con personas fallecidas celebrando el Día de Muertos
En este día, los fallecidos visitan a sus familiares. Foto: IA

La Noche de las Mariposas Monarca

En el pequeño pueblo de Camila, las mariposas monarca siempre llegaban para el Día de los Muertos. Su abuela le contaba que las mariposas eran las almas de sus ancestros, regresando a casa. Camila decidió hacer un camino de pétalos de cempasúchil desde el jardín hasta el altar, para guiarlas. Esa noche, cientos de mariposas iluminaron el cielo, formando una figura en forma de corazón. Camila supo en ese momento que su familia siempre la acompañaría, aunque no pudiera verlos.

La Calaverita Traviesa

Lupita creó una pequeña calaverita de azúcar para su altar, a la que llamó “Tita”. Pero esa noche, Tita cobró vida y decidió conocer la casa. Se subió a la mesa, se escondió en los zapatos y hasta trató de bailar en la cama. Lupita se despertó con una risa contagiosa. “No hagas travesuras, Tita”, le dijo la niña. “El Día de los Muertos es para recordar con alegría, no para asustar”. Tita prometió portarse bien, y juntas cantaron una canción antes de que Tita regresara al altar.

El Cempasúchil que Hablaba

En el jardín de Diego había una flor de cempasúchil muy especial. Cada Día de los Muertos, la flor empezaba a hablar y le contaba a Diego historias de sus antepasados. Le hablaba de un bisabuelo que era granjero y de una tía que bailaba como nadie en la feria del pueblo. Diego aprendió que el cempasúchil no solo guiaba a los espíritus, sino que también contaba historias para mantener viva la memoria de quienes ya no estaban.

Niño hablando con una flor en animado
La flor le cuenta la historia de sus antepasados. Foto: IA

El Espíritu de la Alegría

Mariana no entendía por qué el Día de los Muertos era una celebración alegre. Su mamá le explicó que se trataba de recordar con amor a quienes ya no estaban. Esa noche, Mariana soñó con su abuelo Pedro, quien le mostró cómo en el más allá se celebraba con música y risas. “La tristeza se convierte en alegría cuando nos recuerdan con amor”, le dijo el abuelo. Al despertar, Mariana entendió que el Día de los Muertos era como un abrazo a las almas queridas.