Dunia Santos Urbina, apenas tenía diez años cuando dejó Honduras. Cruzó fronteras junto a su madre, sin dinero ni certezas, empujadas por el miedo. “Cuando pasé por migración, me dieron un permiso para asistir a la corte”, recuerda en un video compartido en su cuenta de TikTok, donde hoy más de ocho millones de personas siguen la historia de la hondureña.
Su madre, embarazada, y su padrastro, trabajaron día y noche para pagar la renta y conseguir comida.
Aun así, no podían costear un abogado. “Fuimos a la primera corte sin asistencia”, relata. El juez les preguntó quién las representaba. “Dijimos que lo traeríamos en la siguiente audiencia”.
Pero en la segunda cita tampoco pudieron pagar. “Mi mamá le explicó al juez que no tenía dinero, y él dijo que nos iba a deportar. Fue ahí cuando empezamos a llorar”.
Hondureña: "Nos iban a matar"
Las palabras de Dunia rompieron el silencio de la sala. “Mi mamá y yo tenemos un pasado muy difícil. Yo veía cómo mi papá le pegaba. Cuando estaba en Honduras por poco la pierdo, y tuvimos que huir de ese país”, confiesa.
Ese testimonio conmovió a unos abogados presentes en la audiencia. Sin dudarlo, se acercaron y ofrecieron representarlas sin cobrar un centavo.
Gracias a esa intervención, Dunia y su madre lograron regularizar su estatus migratorio.
Años después, la niña que escapó del miedo se convirtió en una joven fuerte, decidida y disciplinada.
Su nueva vida en Estados Unidos la llevó a tomar una decisión impensada para muchas personas migrantes: enlistarse en las Fuerzas Armadas.
Disciplina y sacrificio: la vida militar
En sus videos, Dunia habla con orgullo y realismo sobre su experiencia. “El ejército te da techo, comida y todo lo necesario para sobrevivir, pero tienes que seguir las reglas al pie de la letra”, cuenta.
Recuerda una anécdota que la marcó: “Llegué tarde a un entrenamiento y como castigo tuve que vigilar una piedra”. Con humor y reflexión, explica que la vida militar no da espacio a la improvisación.
Tampoco a la libertad completa. “Si quiero salir el fin de semana, me preguntan con quién voy, a dónde, a quién visitaré. A veces lo hacen casi imposible”, dice entre risas.
El camino para servir en las Fuerzas Armadas
De acuerdo con el portal oficial USA.gov, solo los ciudadanos estadounidenses o los residentes permanentes legales (poseedores de Green Card) pueden integrarse a las Fuerzas Armadas.
Además, deben dominar el inglés, residir legalmente en el país y no enlistarse con el propósito de obtener una visa.
Los límites de edad también varían según la rama: el Ejército acepta desde los 17 hasta los 35 años; la Marina y el Guardacostas, hasta los 41; y la Fuerza Aérea, hasta los 42.
Dunia cumplía con todos los requisitos y no lo dudó. Ingresó al ejército como un paso más en su búsqueda de estabilidad, pero también como una forma de agradecer al país que le dio una segunda oportunidad.
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Una voz para millones de migrantes
Hoy, Dunia Santos Urbina no solo representa a una generación de hondureños que emigraron buscando paz, sino también a quienes luchan por su lugar en el mundo.
A través de sus videos, la hondureña comparte mensajes de superación, disciplina y orgullo. “Todo lo que pasé me hizo más fuerte”, dice.
En sus palabras hay cicatrices, pero también esperanza. La niña que una vez lloró frente a un juez ahora inspira a miles que, como ella, sueñan con transformar su destino.
