Las aguas cristalinas de San Andrés siempre vendieron una imagen de paraíso, pero debajo de esa postal también se movía otra economía. Una silenciosa, clandestina y millonaria, alimentada por rutas del narcotráfico en el Caribe y por hombres como el narco colombiano Amaury Smith Pomare, que encontraron en el mar un corredor perfecto para mover cocaína.

Pomare era un isleño colombiano que pasó de lanzar redes de pesca a mover cargamentos de droga por mar. Era el narco más buscado en Colombia.

Las mismas corrientes que aprendió a navegar desde joven terminaron convirtiéndose en parte de un negocio criminal que, según investigaciones, buscó controlar corredores estratégicos del Caribe.

Amaury Smith Pomare y su hermano Mario, eran los llamados “Mellos de Cassandra”.

No vestían como los viejos capos de los carteles colombianos, pero había algo que Amaury siempre llevaba encima: una gruesa cadena de oro con un dije de timón de barco, sus iniciales y un pez espada.

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Honduras apareció en la ruta del narco colombiano

Con el paso de los años, las investigaciones empezaron a vincular a Smith con estructuras dedicadas al narcotráfico marítimo.

Según reportes divulgados en Colombia, el isleño habría buscado ampliar el control de rutas usadas para trasladar cocaína hacia Centroamérica y posteriormente a Estados Unidos.

En ese mapa apareció Honduras, país donde lo localizaron, capturaron en un allanamiento a una lujosa residencia en La Ceiba en 2013 y deportaron hacia Colombia.

Esa captura evidenció cómo las redes criminales del Caribe terminaron conectándose con territorios centroamericanos utilizados para movilizar droga.

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La casa donde fue detenido Amaury Smith Ponce en La Ceiba, Atlántida. Foto: cortesía.

Whisky, mujeres y una fiesta que terminó delatándolos

Durante meses, Amaury Smith Pomare y su hermano Mario permanecieron ocultos entre Honduras y Panamá.

Las autoridades les seguían la pista mediante labores de inteligencia, pero el golpe final llegó por un detalle inesperado: una celebración extravagante.

Según los reportes, ambos coordinaron una fiesta de cumpleaños de tres días con licor fino, tabacos, mujeres y lujos que hicieron trasladar hasta los lugares donde se escondían.

Ese movimiento terminó convirtiéndose en una pista clave para las autoridades y fue cuando hallaron a Amaury en La Ceiba, Atlántida.

En el lugar, las autoridades encontraron botellas de whisky de alta gama, fotografías de la celebración y otras evidencias ligadas a la vida de excesos que llevaba mientras permanecía oculto.

La fiesta que buscó demostrar poder terminó ayudando a revelar su ubicación a las autoridades policiales.

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Los hermanos Mellos de Cassandra - crédito Colprensa.

Del mar al negocio criminal

La historia del colombiano no tiene el perfil tradicional de los grandes capos visibles rodeados de escoltas y lujos extravagantes.

Su crecimiento, según los reportes, ocurrió alrededor del conocimiento del mar, las rutas y la movilidad en aguas del Caribe.

Eso convirtió a pescadores, pilotos de lancha y operadores marítimos en piezas útiles para estructuras criminales que necesitaban mover droga sin llamar la atención.

La transformación fue silenciosa: del trabajo artesanal ligado al mar al negocio multimillonario de la cocaína.

La caída del hombre que quiso controlar corredores del Caribe

El sueño criminal terminó lejos de San Andrés. Tras su detención en Honduras volvió a Colombia a pagar su condena.

Pero su historia dejó expuesta una realidad que sigue vigente: las rutas marítimas del Caribe continúan siendo utilizadas por redes criminales que buscan mover cocaína hacia el norte del continente.

Y Honduras sigue apareciendo en medio de ese corredor.

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