Durante décadas fue el fantasma que todos buscaban y nadie encontraba, mientras sus socios morían, eran extraditados o terminaban tras las rejas, Ismael "El Mayo" Zambada movía los hilos del narcotráfico desde las sombras, sin una fotografía reciente, sin una captura y sin pasar un solo día en prisión.

Ese largo dominio terminó cuando un juez federal de Nueva York lo condenó a cadena perpetua.

Así se cerró uno de los capítulos más prolongados y determinantes en la historia del narcotráfico mexicano.

La sentencia no representa únicamente el destino judicial de un hombre de 78 años. También simboliza el final de la era de los grandes fundadores de los carteles mexicanos.

Aquellos capos que construyeron organizaciones con estructuras centralizadas y que durante décadas ejercieron influencia política, económica y criminal a ambos lados de la frontera.

De intetés: Esta fue la sentencia que recibió el narcotraficante 'El Mayo' Zambada

El Mayo, una caída que empezó mucho antes de la sentencia

Paradójicamente, el imperio de El Mayo Zambada no comenzó a derrumbarse cuando un juez pronunció la cadena perpetua.

Su caída inició el 25 de julio de 2024, cuando lo llevaron a Estados Unidos en un avión tras una operación que él siempre sostuvo fue producto de una traición y un secuestro orquestado por integrantes de la propia organización criminal.

Desde entonces dejó de ser el hombre que tomaba las decisiones para convertirse en el principal trofeo de la justicia estadounidense.

Aquella captura provocó una fractura dentro del Cártel de Sinaloa, la disputa entre las facciones conocidas como Los Chapitos y La Mayiza.

Se desató una espiral de violencia que dejó claro que el liderazgo histórico desapareció y que el cartel ya no respondía a una sola voz.

La condena puso el sello definitivo sobre una derrota que, en los hechos, comenzó dos años atrás.

El Mayo
Ismael "El Mayo" Zambada aceptó la cadena perpetua, pero pidió que se garantice el cuidado de su salud.

El significado de una cadena perpetua

En términos judiciales, la sentencia significa que El Mayo Zambada pasará el resto de su vida en una prisión estadounidense, luego de declararse culpable de cargos relacionados con narcotráfico y renunciar a cualquier posibilidad de apelar el fallo.

Pero en términos criminales el alcance es mucho mayor. Estados Unidos elimina cualquier expectativa de que el viejo capo vuelva a influir en las decisiones del Cártel de Sinaloa.

También envía un mensaje a las organizaciones criminales de que incluso quienes lograron escapar durante décadas pueden terminar sus días tras las rejas.

La sentencia tampoco significa la desaparición del cartel, las redes de tráfico de drogas continúan operando y las distintas facciones mantienen presencia en varios territorios.

Sin embargo, sí confirma que el modelo de liderazgo encarnado por El Mayo quedó atrás.

El último gran jefe de una generación

Cuando a Joaquín "El Chapo" Guzmán lo extraditaron y posteriormente condenaron a cadena perpetua en 2019, El Mayo Zambada quedó como el último fundador histórico con capacidad de mantener unido al Cártel de Sinaloa.

Su figura trascendía el mando operativo, se consideró mediador entre grupos, un negociador capaz de contener conflictos internos y uno de los pocos líderes con autoridad suficiente para imponer acuerdos dentro de la organización.

Con su captura primero y su condena después, desaparece el último referente de esa generación de capos que construyó el narcotráfico moderno en México.

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El cierre de un capítulo del narco mexicano

La cadena perpetua contra El Mayo Zambada no acaba con el negocio de la droga ni pone fin a la violencia asociada al crimen organizado.

Lo que sí cierra es un capítulo histórico: el de los grandes jefes que durante décadas concentraron el poder, sobrevivieron a gobiernos enteros y parecían intocables.

A partir de ahora, el escenario lo dominan estructuras más fragmentadas, liderazgos disputados y alianzas mucho más inestables.

El hombre que durante casi medio siglo se conoció como "el invisible" terminó con un número de preso y una condena de por vida.

Con él también se desvanece la última figura de una generación que marcó el rostro del narcotráfico mexicano durante casi cincuenta años.

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