Le decían “Demonio” y su nombre terminó escrito donde ningún miembro de la MS-13 quería aparecer: en un expediente federal de Estados Unidos.
César Fuentes era hondureño, tenía 29 años cuando su caso salió a la luz pública y se movía dentro de una estructura de la MS-13 que echó raíces en Nueva Jersey.
Pero mientras la pandilla extendía su poder, los federales hacían exactamente lo contrario: recogían nombres, reconstruían delitos y seguían las conexiones.
Hasta que el cerco alcanzó a “Demonio”.
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La MS-13 y diez nombres bajo la lupa
La investigación se concentró en las actividades de la MS-13 desarrolladas entre septiembre de 2014 y octubre de 2015.
No perseguían únicamente a Fuentes, el expediente involucró a diez acusados relacionados con una estructura a la que las autoridades atribuyeron asesinatos, extorsión, intimidación de testigos y tráfico de drogas.
Detrás de la pesquisa había una maquinaria considerable: FBI, ICE-ERO, HSI, la Fiscalía del condado de Hudson y la Policía de West New York participaron en la investigación.
“Demonio” quedó atrapado en aquella red. Fuentes figuró entre los acusados y finalmente se declaró culpable en noviembre de 2021, de conspiración para cometer asesinato en ayuda del crimen organizado.
Ya no era únicamente un alias asociado con la MS-13, era un nombre dentro de un caso federal.

Un asesinato sacudió la estructura
En medio de la investigación apareció un crimen que mostró hasta dónde llegaban las reglas internas de la pandilla.
En junio o julio de 2015, Juan Pablo Escalante-Melgar, alias “Humilde”, y Óscar Sánchez-Aguilar, “Snappy”, ordenaron matar a un joven que consideraron integrante de una pandilla rival.
Había otro propósito detrás del crimen, según las pruebas presentadas posteriormente ante un tribunal, un recluta debía participar en el asesinato para convertirse en miembro pleno de la MS-13.
La víctima era José Urías-Hernández y tenía apenas 19 años. La sospecha que lo convirtió en objetivo, además, estaba equivocada: las autoridades determinaron que no pertenecía a la pandilla rival que sus atacantes creían.
El crimen se convirtió en una de las piezas de la causa que terminó exponiendo la estructura criminal que operó en Nueva Jersey.
Tenía jerarquías
Los investigadores descubrieron que aquello tampoco funcionó como una pandilla improvisada.
La MS-13 estaba dividida en clicas que controlaron determinadas zonas y algunas eran dirigidas por un jefe conocido como First Word.
En el condado de Hudson, Escalante Melgar encabezó Pinos Locos Salvatrucha, mientras Elmer Cruz Díaz, alias “Locote”, dirigió Hudson Locos Salvatrucha.
Las autoridades sostenían que dentro de aquella estructura no solamente había violencia, también investigaron extorsiones, intimidación contra testigos y tráfico de drogas.
Incluso reconstruyeron una conspiración para asesinar a otro integrante de la MS-13 después de que líderes de la organización en El Salvador supuestamente autorizaran matarlo porque sospecharon que colaboró con las autoridades.
Era el mundo criminal en el que apareció el nombre del hondureño.

Los federales fueron cerrando el círculo
El expediente reunió a diez acusados, tres de ellos: Escalante Melgar, Cruz Díaz y Sánchez Aguilar, los declaró culpables un jurado federal en noviembre de 2021 por delitos relacionados con RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act, Ley de Organizaciones Corruptas e Influenciadas por el Crimen Organizado) y asesinato.
Otros tomaron otro camino antes de llegar a ese punto: admitieron su culpabilidad, entre ellos estaba César Fuentes.
“Demonio” se declaró culpable de conspiración para cometer asesinato en ayuda del crimen organizado.
También figuraron dentro del expediente hombres conocidos como “Scooby”, “Infernal”, “Terrible”, “Cangri”, “Layo” y “Donkey”.
Los alias podían sonar intimidantes en las calles, en el expediente federal terminaron convertidos en una lista de acusados.
El expediente alcanzó a “Demonio”
El caso reveló algo más grande que la caída de un hondureño, mostró cómo una organización nacida décadas atrás en California consiguió levantar estructuras criminales a miles de kilómetros y mantener conexiones con miembros de la MS-13 en Centroamérica.
Pero también mostró cómo los investigadores comenzaron a desmontar aquella red siguiendo delitos, jerarquías y nombres.
Uno de esos nombres era César Fuentes, en las calles lo conocían como “Demonio”. En los documentos federales se registró de otra manera: el hondureño que se declaró culpable de conspirar para cometer asesinato en beneficio del crimen organizado.
El alias podía meter miedo, el expediente federal terminó siguiéndolo hasta alcanzarlo.
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