Cada 30 de enero, se conmemora el Día Internacional del Croissant, deliciosa pieza de panadería austriaca que conquista paladares en todo el mundo.
Con un inconfundible sabor a mantequilla y una versatilidad que lo hace apto para los gustos dulces o salados, el croissant gana un lugar especial en el corazón de los amantes de la buena comida.
La receta del croissant, aunque aparenta simplicidad, es todo menos fácil. Aunque la masa hojaldrada se gestó en Francia, lograr el crujiente perfecto en cada capa demanda dedicación y paciencia. El amasado y el respeto por los tiempos de reposo y enfriamiento son el secreto detrás de esta exquisitez.
¿Por qué se celebra el día del Croissant?
Contrario a la creencia común, el croissant nació en Viena, Austria, no en Francia. Fue en París, en el siglo XIX, donde los panaderos locales perfeccionaron la receta inspirándose en la forma del kifli austriaco, popularizado por el panadero vienés August Zang.
La historia del croissant se entrelaza con la invasión otomana en el siglo XVII. Durante el asedio a Viena, los panaderos vieneses descubrieron los túneles excavados por el ejército turco. Este descubrimiento condujo a la victoria de Viena y, en agradecimiento, el rey Sobiesky de Polonia encargó panecillos con la forma de la media luna turca para conmemorar el evento.
Inicialmente reservado para los ricos debido a sus costosos ingredientes, el croissant se democratizó en el siglo XX con la accesibilidad de huevos y mantequilla. Desde entonces, se ha convertido en un alimento cotidiano.
El croissant tiene nombres variados en diferentes regiones, como "cachitos" en Perú, Ecuador y Venezuela; "cruasanes" en España y Colombia; "medialunas" en Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay; y en México, son conocidos como "cuernitos". Dulces o salados, simples o rellenos, el croissant sigue conquistando mesas en todo el mundo. ¡Feliz Día Internacional del Croissant!
