La historia de Raduan Omar Zamora Mayorga parece sacada de una novela del narcotráfico. Dos nombres, dos países y una misma actividad: mover cargamentos de cocaína por Centroamérica para alimentar una de las rutas más lucrativas hacia Estados Unidos.
Durante años lo conocieron por distintos alias. Para unos era Raduan Omar Zamora Mayorga; para otros, José Luis Oliva Meza.
Las autoridades estadounidenses lo identificaron además como “El Señor de los Cielos” y “Patrón de Patrones”, apodos que reflejaban el papel que habría desempeñado dentro de una compleja estructura criminal dedicada al tráfico internacional de drogas.
Su historia terminó en una corte federal de Texas, donde recibió una condena de 17 años y cinco meses de prisión.
Pero antes de llegar a ese desenlace, las investigaciones apuntaron a una década marcada por avionetas, pistas clandestinas, cargamentos millonarios y una red que atravesó buena parte del continente.
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El hombre de las dos identidades que movió cocaína
Mientras en Nicaragua figuraba oficialmente como Raduan Omar Zamora Mayorga, en Honduras aparecía inscrito en el Registro Nacional de las Personas como José Luis Oliva Meza.
Los documentos hondureños indican que nació el 7 de octubre de 1981 en La Ceiba, Atlántida.
Sin embargo, según las autoridades estadounidenses, detrás de esos registros se encontraba uno de los operadores más importantes de una organización narcotraficante que utilizó territorio hondureño como punto estratégico para el trasiego de cocaína.
La dualidad de identidades no solo alimentó el misterio alrededor de su figura, sino que también le permitió moverse durante años entre distintos países mientras las investigaciones avanzaron silenciosamente.

La ruta aérea de la cocaína
La acusación federal sostiene que Zamora Mayorga formó parte de una organización que operó desde Sudamérica hasta Norteamérica.
La cocaína era producida en Colombia y Ecuador, trasladada por distintos medios y enviada a través de Panamá, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Guatemala y México antes de llegar a Estados Unidos.
Según los expedientes judiciales, Zamora coordinó importantes cargamentos y utilizó una red propia de transporte para movilizar droga por la región.
Su apodo de “El Señor de los Cielos” no surgió por casualidad. Las investigaciones señalan que durante aproximadamente una década fue uno de los hombres encargados de recibir decenas de aeronaves cargadas con cocaína en zonas de Colón, Gracias a Dios, Atlántida y Yoro.
Cada vuelo podía transportar más de 450 kilogramos de cocaína, convirtiendo a Honduras en el corredor del narcotráfico internacional.
Miles de kilos rumbo al norte
Las autoridades estadounidenses aseguran que Zamora y otros integrantes de la organización introdujeron miles de kilogramos de cocaína al mercado estadounidense.
La estructura criminal usó cualquier medio disponible para mover la mercancía: lanchas rápidas, barcos, semisumergibles, aeronaves, camiones y vehículos terrestres.
El objetivo era siempre el mismo: garantizar que la cocaína llegara al norte y que las ganancias regresaran por la misma ruta hacia las organizaciones criminales.

De Honduras a una celda en Texas
El 10 de junio de 2020, Estados Unidos presentó cargos en su contra por conspiración para fabricar y distribuir cocaína con conocimiento de que sería importada a territorio estadounidense.
Dos años después, el 15 de mayo de 2022, lo arrestaron en Honduras tras una solicitud de captura provisional emitida por Estados Unidos.
La extradición se concretó el 18 de agosto de ese mismo año. Cuatro días después compareció ante una corte federal en Plano, Texas, donde quedó detenido mientras avanzó el proceso judicial.
Finalmente, el 2 de mayo de 2024, el juez federal Robert W. Schroeder dictó la sentencia que selló su destino: 17 años y cinco meses de prisión por narcotráfico internacional.
Un capo entre fronteras y pistas clandestinas
Durante años, Raduan Zamora logró moverse entre fronteras, pistas clandestinas y dos identidades distintas mientras la cocaína avanzó hacia el norte.
Las investigaciones estadounidenses lo ubicaron como una pieza importante dentro de una red que utilizó a Centroamérica como puente para el tráfico de drogas.
Hoy, aquel hombre conocido como “El Señor de los Cielos” ya no controla rutas ni aterrizajes secretos.
Su historia terminó en una corte federal de Estados Unidos y detrás de los barrotes de una prisión.
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