El próximo cargamento de cocaína que se mueva hacia Centroamérica podría no llevar hombres al timón. El narco submarino ya experimenta con vehículos autónomos, comunicaciones satelitales y sistemas capaces de recorrer largas distancias con menor posibilidad de detección.

Un análisis prospectivo del Centro Internacional de Investigación y Análisis contra el Narcotráfico Marítimo (CMCON), de la Armada de Colombia, identifica cinco grandes ejes utilizados para transportar cocaína mediante semisumergibles y sumergibles, y dos tienen como destino Centroamérica.

Uno cruza el Pacífico hacia Centroamérica y Norteamérica; el otro atraviesa el Caribe hacia Centroamérica. Los restantes corredores se dirigen hacia Europa y Oceanía.

El estudio permite anticipar lo que podría esperarse en las rutas del narcotráfico que tienen a Centroamérica como destino, una dinámica que coloca a Honduras dentro de un escenario regional de especial atención por su salida al Caribe y al Pacífico.

El análisis identifica precisamente corredores hacia la región por ambos espacios marítimos.

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Narco submarino: 351 semisumergibles y una cifra que podría ser mayor

El fenómeno lleva décadas creciendo bajo la superficie y desde 1993 y hasta el 9 de agosto de 2026, fuerzas navales y policiales capturaron 351 semisumergibles vinculados al tráfico de cocaína en mares y ríos, de acuerdo con la base de datos citada por el CMCON.

Pero las propias estimaciones recogidas por el estudio sugieren que la magnitud real sería considerablemente mayor que la reflejada únicamente por las embarcaciones interceptadas.

El narco submarino dejó de ser una adaptación improvisada para ser una herramienta estratégica de las organizaciones criminales.

Son capaces de transportar grandes cargamentos durante miles de millas náuticas con baja probabilidad de detección visual, por radar o electromagnética.

evolución

Una nave, 1.5 toneladas y nadie a bordo

La nueva generación ya dio una señal de lo que puede venir. En julio de 2025, la Armada de Colombia interceptó en Santa Marta un Vehículo Subacuático Autónomo (VSA) sin tripulación, equipado con dos antenas Starlink y piloto automático.

Tenía capacidad estimada para transportar 1.5 toneladas de cocaína y otro detalle llamó la atención de los investigadores: sus componentes eran productos disponibles en el mercado marítimo civil y no estaban sujetos a controles de exportación de tecnología sensible.

El episodio marcó una ruptura con el viejo modelo y la cocaína ya no necesariamente necesita una tripulación escondida durante días dentro de una embarcación para atravesar el océano.

Ahora el desafío es una nave que puede avanzar sin personas a bordo.

2026-2029: el narco tendría hasta cinco años de ventaja

El estudio divide el futuro del narcotráfico marítimo en distintos períodos. El primero abarca 2026-2029 y es considerado de alta viabilidad.

Para esos años proyecta una expansión acelerada de las capacidades operacionales de las organizaciones criminales, acompañada por la ampliación de rutas en el Pacífico Oriental, el Caribe y el Atlántico.

Semisumergibles de diferentes generaciones convivirían con los primeros vehículos autónomos utilizados en operaciones reales.

El análisis estima que las organizaciones criminales podrían mantener una ventaja de entre tres y cinco años sobre las fuerzas de seguridad.

menos dependencia

2029-2032: menos dependencia de un operador

La siguiente transformación llegaría entre 2029 y 2032, cuando la autonomía de estas embarcaciones podría aumentar.

La evolución apunta a vehículos capaces de cumplir una parte cada vez mayor de la misión sin depender permanentemente de instrucciones desde tierra.

Esa capacidad tendría una consecuencia importante: reducir las comunicaciones necesarias durante el recorrido también disminuiría las oportunidades para detectar la embarcación mediante sus señales.

El salto tecnológico no significa que las autoridades permanecerán inmóviles. Los Estados deben mejorar sus capacidades de vigilancia e interdicción.

Pero el documento advierte que la adaptación criminal avanzará con mayor rapidez.

2032-2035: la inteligencia artificial entra en la ecuación

El escenario de largo plazo es el más inquietante, aunque es una proyección prospectiva y no como una capacidad criminal actualmente comprobada.

Entre 2032 y 2035, el análisis contempla vehículos autónomos más sofisticados, con mayor capacidad para completar misiones sin intervención humana constante.

La inteligencia artificial podría incorporarse a la navegación y permitir que esos sistemas analicen condiciones durante el recorrido.

Así ajustarán rutas y reducirán su exposición frente a los mecanismos utilizados para localizarlos.

La evolución tecnológica también apunta hacia embarcaciones con menor firma acústica y electromagnética, mayor autonomía y menos dependencia de comunicaciones satelitales permanentes.

ecuación

Dejará de ser algo excepcional

Para 2032-2035, el escenario considerado más probable por el estudio es que el narco submarino autónomo se institucionalice como una de las principales modalidades del transporte oceánico de cocaína.

Las autoridades desarrollarían capacidades parciales para detectarlos e interceptarlos, pero estas serían insuficientes para revertir completamente la tendencia, según la proyección.

El documento concluye que hasta 2035 el narcotráfico marítimo probablemente atravesará un proceso continuo de automatización, ampliación de rutas y mercados y sofisticación tecnológica.

Para Centroamérica, el riesgo comienza mucho antes de 2035. Dos de los cinco corredores identificados ya apuntan hacia la región.

La carrera ahora no solo es encontrar la cocaína escondida sobre el mar, sino detectar máquinas que pueden llevarla cada vez más lejos.

Y esta vez, con menos personas, menos señales y más tecnología para intentar pasar inadvertidas.

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