Durante 30 años, miles de escaladores pasaron junto a su cuerpo, algunos se detuvieron a mirarlo, otros continuaron hacia la cima del Everest.

Nadie pudo bajarlo, su cadáver permaneció atrapado entre las rocas y el hielo, convertido en una referencia macabra para quienes intentaron conquistar la montaña más alta del planeta.

No lo llamaron por su nombre, para los montañistas era simplemente Botas Verdes, por el llamativo calzado que llevaba cuando la montaña se convirtió en su tumba.

Pero detrás de aquellas botas había un hombre, una historia y una familia. Tres décadas después, una misión pretende recuperar sus restos y devolverle su identidad humana.

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El hombre que el Everest convirtió en una señal

Su nombre era Dorje Morup, un montañista indio de 47 años que participó en una expedición al Everest en mayo de 1996.

Aquel año quedó marcado por una de las tragedias más conocidas de la historia del montañismo, cuando una violenta tormenta sorprendió a varios grupos de escaladores.

Morup murió en la montaña y su cuerpo quedó cerca de la ruta noreste, a unos 300 metros de desnivel por debajo de la cima.

Allí permaneció durante años, en un lugar donde el oxígeno escasea, las temperaturas son extremas y cualquier movimiento puede convertirse en una sentencia de muerte.

Con el tiempo, el cadáver pasó a formar parte del paisaje que encontraban los expedicionarios.

Las botas verdes se volvieron más reconocibles que su propia historia.

congelado en el Everest
Lleva 30 años congelado a 8.500 metros. Ahora una misión quiere rescatar el cuerpo yt devolverlo a su familia. Foto: Ilustración IA.

¿Por qué nadie pudo bajar su cuerpo?

Recuperar un cadáver del Everest no es una operación convencional. A más de 8,000 metros de altitud comienza la llamada zona de la muerte.

En esas condiciones, el organismo humano recibe tan poco oxígeno que incluso los escaladores experimentados pueden sufrir agotamiento extremo, confusión y graves complicaciones físicas.

Mover un cuerpo que permaneció congelado durante décadas añade dificultades. El hielo puede sujetarlo a las rocas y su peso complica cualquier maniobra.

Los equipos de rescate deben transportar oxígeno, cuerdas y equipos especializados, mientras enfrentan tormentas repentinas, pendientes peligrosas y temperaturas que pueden resultar mortales.

En el Everest, intentar recuperar a una persona fallecida puede poner en peligro a quienes todavía están vivos.

Una muestra de ADN resolvió el misterio de 30 años

Durante décadas, la identidad de Botas Verdes fue motivo de discusión. Muchos creían que se trataba de Tsewang Paljor, otro integrante de la expedición india de 1996.

Sin embargo, una operación realizada en 2025 permitió recuperar muestras de cabello y uñas del cadáver congelado en el Everest.

Un pequeño equipo de sherpas ascendió hasta el lugar y trabajó contra el tiempo, porque cada minuto consumía el oxígeno necesario para regresar con vida.

Las muestras se trasladaron a un laboratorio en India, donde los análisis permitieron identificar a Dorje Morup.

El hombre que durante tres décadas se reconoció únicamente por sus botas verdes finalmente recuperó su nombre.

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Dorje Morup era un apasionado del montañismo. Foto cortesía de la familia.

La última vez que lo vieron con vida

El 10 de mayo de 1996, Morup y sus compañeros Tsewang Paljor y Tsewang Smanla avanzaban hacia la cima del Everest.

Su jefe de expedición, Harbhajan Singh, observó que las condiciones meteorológicas comenzaban a deteriorarse y decidió regresar.

Antes de separarse, les advirtió que continuar podía impedirles volver, sin embargo, los tres ascendieron.

Horas después, una comunicación por radio confirmó que alcanzaron la cima, pero la celebración duró poco.

Una tormenta golpeó la montaña y convirtió el descenso en una lucha desesperada por sobrevivir.

Desde el campamento observaron luces que descendían por la montaña hasta que desaparecieron en la oscuridad.

Los tres escaladores murieron y el cuerpo de Morup quedó bajo un saliente rocoso, mientras sus compañeros desaparecieron en distintos puntos del Everest.

La misión que podría devolverlo a casa en 2027

El Gobierno de India comenzó a preparar una operación especializada para recuperar los restos de Morup.

La misión requiere escaladores sherpas con experiencia extrema, equipos de oxígeno, cuerdas y una camilla especial para transportar el cuerpo congelado.

Los especialistas calculan que podrían necesitar alrededor de ocho sherpas para realizar el descenso.

Pero existe otro obstáculo: el cadáver permanece en la vertiente tibetana del Everest, por lo que también se necesitan autorizaciones de China.

La operación está prevista, de manera tentativa, para abril o mayo de 2027, siempre que existan condiciones meteorológicas y permisos adecuados.

No hay garantías de éxito, la recuperación podría suspenderse si las condiciones ponen en peligro a los rescatistas.

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Algunas fotos y pertenencias de Morup han ayudado a su familia a mantener vivo su recuerdo.

Un cementerio

Desde que comenzaron las expediciones modernas, más de 300 personas han muerto intentando escalar el Everest.

Muchos de sus cuerpos permanecen en la montaña porque recuperarlos resulta demasiado peligroso o costoso.

Algunos quedaron sepultados bajo la nieve. Otros permanecieron visibles durante años, recordando a los escaladores que alcanzar la cima no garantiza regresar.

El caso de Morup también plantea un dilema: cuánto riesgo deben asumir los vivos para recuperar a quienes murieron en la montaña.

Para los especialistas, devolver los restos a una familia puede significar cerrar décadas de incertidumbre.

Pero ninguna recuperación justifica ignorar el peligro que enfrentan los rescatistas.

Durante 30 años, Dorje Morup fue una referencia en el camino hacia la cima del Everest. Miles conocieron sus botas, pero muy pocos conocían su historia.

Ahora tiene nombre, una identidad confirmada y una misión pendiente, porque mientras otros llegaron al Everest buscando conquistar su cima, Dorje Morup lleva tres décadas esperando algo mucho más sencillo: volver a casa.

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