Estados Unidos podría utilizar rayos de calor para impedir el paso de migrantes en su frontera con México.

El dispositivo no dispara proyectiles, sino ondas invisibles capaces de provocar un ardor intenso en la piel y obligar a las personas a retroceder.

El Pentágono autorizó al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a probar esta tecnología militar y desarrollar procedimientos para su posible utilización en operaciones fronterizas, según una investigación publicada por CNN el 21 de octubre.

La autorización consta en un memorando firmado en septiembre por el secretario de Defensa, Pete Hegseth.

El documento contempla el préstamo de un equipo durante siete meses, aunque no especifica dónde se realizarán las pruebas.

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Rayos de calor: cómo funciona el arma

El dispositivo se denomina Sistema de Denegación Activa (ADS, por sus siglas en inglés) y lo desarrollaron las fuerzas militares estadounidenses para dispersar multitudes.

Su funcionamiento se basa en la emisión de ondas electromagnéticas que penetran superficialmente en la piel y generan una sensación de calor extremo.

El alcance se aproxima a un kilómetro y, según las explicaciones militares, el efecto se asemeja al golpe de calor que recibe una persona cuando abre un horno caliente.

La sensación obliga a quienes reciben la energía a alejarse rápidamente. El hormigueo posterior puede durar entre 10 y 15 minutos.

Aunque el Pentágono clasifica el dispositivo como no letal, existen antecedentes de quemaduras durante pruebas y entrenamientos, además de preocupaciones sobre sus efectos indirectos.

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EU evaluará un sistema no letal capaz de inducir un reflejo instantáneo de huida mediante ondas invisibles. ¿Qué impacto tendrá en la zona fronteriza?|IA

El peligro de utilizarlo contra migrantes en los ríos

Uno de los escenarios que las autoridades estadounidenses estudian es el empleo del sistema en sectores fronterizos donde los migrantes atraviesan ríos.

En el sector de El Centro, que comprende aproximadamente 112 kilómetros de frontera, funcionarios evaluaron años atrás si el arma permitiría disuadir los cruces o hacer que las personas abandonaran el agua.

Sin embargo, surgió una preocupación: alguien que intentara escapar del intenso calor podría regresar al río, perder el control o necesitar un rescate.

También se discutió si el dispositivo podría incapacitar temporalmente a personas que estuvieran atravesando corrientes.

Estas posibilidades plantean interrogantes sobre la proporcionalidad del uso de la fuerza y las consecuencias de emplear una tecnología diseñada para provocar dolor.

El arma que Estados Unidos rechazó en 2018

La propuesta de utilizar rayos de calor contra migrantes tiene antecedentes durante el primer mandato de Donald Trump.

En 2018, funcionarios de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) consideraron incorporar el sistema a las operaciones migratorias, pero la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, rechazó la iniciativa.

La tecnología también se envió a Afganistán hace casi dos décadas, aunque finalmente no se utilizó en operaciones de combate.

Ahora, el Pentágono permite que el DHS vuelva a evaluar su utilización, mientras persisten las dudas sobre seguridad, legalidad y eficacia.

Un nuevo intento

¿Quién responderá por el uso de los rayos de calor?

El memorando establece que el Departamento de Seguridad Nacional será responsable de operar el dispositivo y desarrollar las tácticas, técnicas y procedimientos necesarios.

El personal del Pentágono no estará autorizado para manejarlo durante el período de préstamo.

Una vez transcurridos los siete meses, el DHS podrá solicitar una ampliación para continuar utilizando el sistema si considera necesario incorporarlo a las operaciones fronterizas.

La posibilidad también abre un conflicto de soberanía: ¿qué ocurriría si los rayos alcanzaran a personas que todavía permanecen en territorio mexicano?

Hasta ahora, las autoridades no confirman que el arma se utilice contra migrantes ni anuncian los lugares donde se realizarán las pruebas.

Una nueva amenaza para quienes buscan llegar a EE. UU.

La decisión también interesa a Honduras, cuyos migrantes utilizan rutas terrestres a través de México para intentar ingresar a Estados Unidos.

Aunque no existen reportes de hondureños afectados por esta tecnología, su eventual incorporación representaría una nueva medida de disuasión en la frontera.

La discusión ocurre, además, cuando algunos agentes fronterizos cuestionan la necesidad del dispositivo ante la disminución de cruces irregulares y el incremento de personal de vigilancia.

Por ahora, Estados Unidos tiene autorización para probar el arma, no un despliegue operativo confirmado.

La decisión pendiente es si una tecnología concebida para provocar dolor terminará formando parte del control migratorio estadounidense.

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