Durante años, el nombre de los Valle Valle dominó expedientes judiciales, informes antidrogas y rutas clandestinas que atravesaron Honduras rumbo a Guatemala y México. En medio de esa maquinaria criminal apareció también “El Cabro”, un operador silencioso que almacenó cocaína cerca de la frontera mientras el cartel movía toneladas de droga hacia Estados Unidos.

Helicópteros, cargamentos ocultos y propiedades fronterizas formaron parte de una estructura que convirtió al occidente hondureño en una pieza clave del narcotráfico regional.

Pero el último capítulo de esa historia no se escribió con uno de los hermanos Valle Valle esposado frente a las cámaras, se escribió con otro hombre.

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"El Cabro", el hombre que escondía la cocaína

Erlis Antonio León Castellanos no era el rostro mediático del cartel, pero según documentos judiciales estadounidenses, sí era una pieza importante dentro de la organización conocida como el cartel Valle Valle.

La estructura utilizó rutas terrestres y aéreas para mover cargamentos de varias toneladas desde Honduras hacia Guatemala.

Desde allí, la droga continuaba camino hacia México y posteriormente a Estados Unidos, donde terminó distribuida por organizaciones criminales asociadas.

“El Cabro” poseía propiedades cercanas a la frontera entre Honduras y Guatemala y esos terrenos se convirtieron, según la acusación, en puntos estratégicos para almacenar cocaína.

Al principio recibía cargamentos pequeños, de entre 15 y 20 kilogramos, pero con el tiempo esos envíos crecieron.

Las autoridades estadounidenses sostienen que llegó a manejar cargamentos de cientos de kilogramos de cocaína mientras colaboraba con miembros de la organización criminal.

Entre 2011 y 2014, León Castellanos incluso transportó personalmente droga a través de la frontera, según el expediente judicial.

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Honduras ofrecía L.200 mil lempiras de recompensa por información que llevara a la captura del hondureño. Foto: Policía Nacional Honduras.

Una captura con otra identidad

Mientras el caso judicial avanzó en Estados Unidos y muchos integrantes de la estructura los capturaron o extraditaron, “El Cabro” permaneció fuera del radar público.

Pero eso cambió en octubre de 2024, cuando lo capturaron en la frontera entre Guatemala y México.

Las autoridades guatemaltecas lo ubicaron en Cuyotenango, Suchitepéquez. Ahí no solo encontraron a un hondureño buscado por la justicia estadounidense.

También descubrieron que utilizaba un Documento Personal de Identificación (DPI) guatemalteco bajo el nombre de José Luis Gómez Marroquín.

La captura la ejecutaron agentes de la Subdirección General de Análisis de Información Antinarcótica (SGAIA) de la Policía Nacional Civil de Guatemala.

La orden de captura la solicitó la Corte del Distrito Este de Virginia, que lo acusó de conspiración para fabricar y distribuir cocaína.

Detrás de su arresto también participó la Oficina de Asuntos Internacionales del Departamento de Justicia estadounidense, que coordinó con autoridades guatemaltecas el proceso de detención y extradición.

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La captura de "El Cabro" en Guatemala en octubre de 2024. Foto: PNC Guatemala.

El último acusado del expediente Valle Valle

La caída de “El Cabro” no fue una captura cualquiera dentro del historial del narcotráfico hondureño.

Su condena, emitida el 16 de septiembre de 2025 por la jueza federal Leonie M. Brinkema, representó el cierre judicial del expediente contra uno de los carteles más emblemáticos y violentos ligados al tráfico de cocaína en Honduras.

El cartel Valle Valle fue la organización criminal hondureña que acumuló más acusados.

En total, fueron 15, tanto en la Corte del Distrito Este de Virginia como en la Corte del Distrito Sur de Florida.

En la lista aparecieron nombres como Miguel Arnulfo Valle Valle, Luis Alonso Valle Valle y José Inocente Valle Valle, junto a operadores, colaboradores y enlaces vinculados a las rutas de cocaína y lavado de activos.

"El Cabro” fue el último, y lo sentenciaron a cuatro años de prisión por conspiración para distribuir droga.

Y aunque el cartel Valle Valle comenzó a derrumbarse tiempo atrás, la sentencia dejó una señal clara: Estados Unidos cerró expedientes incluso más de una década después de que aquellas rutas clandestinas inundaran de cocaína el corredor entre Honduras y Guatemala.

Porque en las historias del narcotráfico, los últimos en caer casi nunca son los más visibles, a veces son los que aprendieron a sobrevivir en silencio.

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