Durante años, España fue una de las principales puertas de entrada del crimen latinoamericano a Europa, pero el panorama cambió.
Las organizaciones criminales extendieron su presencia hacia otros territorios, transformando un problema que antes parecía concentrarse en determinados puntos del continente.
Una investigación periodística del diario británico The Guardian, publicada este 13 de octubre, revela que estas redes operan en una geografía cada vez más amplia.
El fenómeno plantea un desafío para las autoridades europeas, que enfrentan organizaciones capaces de establecer conexiones y desarrollar actividades más allá de las fronteras nacionales.
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Crimen latinoamericano y una investigación que revela la expansión
El alcance del crimen latinoamericano se expuso en una investigación realizada durante cuatro meses por el periódico británico The Guardian.
El trabajo examinó bases de datos, información policial y de inteligencia, además de testimonios de jueces, fiscales y especialistas en criminalidad organizada.
Los hallazgos identifican actividades de organizaciones latinoamericanas en al menos 12 países europeos, aunque otros informes sugieren una presencia todavía mayor.
La cifra podría alcanzar 16 países, según información de la Fiscalía de São Paulo, Brasil, consultada durante la investigación.
Sin embargo, ese último dato corresponde específicamente a una organización brasileña y no significa que todas las redes investigadas operen en esos territorios.

España ya no concentra toda la atención
España es uno de los principales escenarios de actividad del crimen latinoamericano, junto con Portugal, Bélgica, Francia y Países Bajos.
La novedad está en los países donde las autoridades comenzaron a detectar operaciones que antes tenían menor visibilidad.
Alemania, Rumanía, Croacia y Eslovaquia figuran entre los territorios mencionados en la investigación.
También se identificaron indicios de actividad en Bulgaria, lo que amplía las preocupaciones hacia el este europeo.
Esta expansión representa un cambio importante porque las organizaciones ya no dependen exclusivamente de sus antiguos puntos de entrada al continente.
Ahora establecen vínculos con estructuras criminales europeas, una modalidad que les permite ampliar sus actividades y aprovechar conexiones locales.
Las cifras muestran la dimensión del fenómeno
Uno de los datos más reveladores aparece en las estadísticas de incautaciones registradas durante la última década.
Un aumento de incautaciones de cocaína en Europa, 2014–2024 de 471 %, es una variación acumulada en diez años, según los datos recogidos por la investigación.
La cifra no significa necesariamente que el consumo creció en idéntica proporción, pero evidencia la magnitud de las operaciones detectadas por las autoridades.
El estudio también señala un incremento en el desmantelamiento de instalaciones clandestinas utilizadas para procesar sustancias ilícitas en territorio europeo.
Estos hallazgos muestran que las actividades criminales no se limitan al traslado de mercancías desde América Latina.
Parte de las operaciones investigadas ya se desarrolla dentro de Europa, lo que añade nuevas dificultades a los esfuerzos de vigilancia.

Las alianzas que cambian el escenario europeo
Otro elemento importante es la colaboración entre organizaciones latinoamericanas y estructuras criminales que ya operan en distintos países europeos.
Esta relación permite comprender por qué el fenómeno dejó de concentrarse únicamente en determinados territorios.
Daniel Brombacher, director del Observatorio de Crimen Organizado en Europa, explicó a The Guardian que investigaciones policiales recientes descubrieron nuevas operaciones en Francia, Polonia y Alemania.
Sus observaciones también apuntan a la aparición de organizaciones latinoamericanas en países del este europeo.
El cambio plantea un desafío adicional para las autoridades, porque una misma estructura puede mantener conexiones y actividades en diferentes jurisdicciones.
La cooperación internacional adquiere así mayor importancia para investigar organizaciones cuyas operaciones no se detienen en una frontera.
Una presencia que comenzó hace décadas
La relación entre el crimen organizado latinoamericano y Europa no comenzó con los hallazgos de 2026.
Desde la década de 1980, organizaciones criminales colombianas habían establecido conexiones en España, particularmente en la región de Galicia.
En 2013, Europol ya advertía sobre la creciente influencia de estas estructuras en el continente.
Lo que diferencia el escenario actual es la diversidad de territorios donde se han detectado actividades y la amplitud de sus conexiones internacionales.
La investigación tampoco establece que todas las organizaciones identificadas tengan la misma capacidad, presencia o influencia en cada país.
Sin embargo, los resultados muestran que el crimen latinoamericano ha dejado de ser un fenómeno asociado principalmente a unas pocas puertas de entrada.
Europa enfrenta ahora una realidad distinta: las fronteras que antes parecían contener estas operaciones ya no bastan para comprender hasta dónde se extienden.
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