Un dibujo contra la guerra hecho con lápices de colores cambió la vida de una familia rusa.
Lo que comenzó como una tarea escolar desencadenó una investigación policial, una condena de prisión y una separación familiar.
Cuatro años después, Masha Moskalyova, de 16 años, vive con su padre en Francia. Ambos abandonaron Rusia, pero todavía temen por su seguridad.
La adolescente conserva una de las pocas pertenencias que logró sacar de su país: el dibujo que dio origen a sus problemas.
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El dibujo contra la guerra que llevó una tarea escolar a la policía
Todo comenzó en abril de 2022, pocas semanas después de que Rusia iniciara la invasión de Ucrania.
En una escuela de Yefrémov, una localidad situada unos 300 kilómetros al sur de Moscú, la maestra pidió a sus alumnos realizar dibujos de apoyo a las tropas rusas.
Mientras algunos estudiantes dibujaron tanques y símbolos militares, Masha, entonces de 12 años, eligió representar algo diferente.
Su dibujo mostró a una mujer protegiendo a un niño de los proyectiles que llegaban desde Rusia.
También aparecían las banderas rusa y ucraniana, acompañadas de mensajes contra la guerra y el presidente Vladimir Putin.
Aquella expresión infantil llegó a conocimiento de las autoridades escolares y posteriormente de la policía.
El dibujo contra la guerra abrió la puerta a una investigación que alcanzó a su padre, Alexey Moskalyov, quien la había criado solo.

Su padre fue condenado y ella terminó en un orfanato
La policía comenzó a revisar las publicaciones de Alexey en redes sociales, donde expresó críticas a la invasión rusa de Ucrania.
En marzo de 2023, un tribunal lo condenó a dos años de prisión por desacreditar a las Fuerzas Armadas rusas.
La condena se fundamentó en sus publicaciones contra la guerra, no directamente en el dibujo de su hija.
Sin embargo, la investigación comenzó después del episodio escolar y mientras avanzó el proceso judicial, Masha fue separada de su padre y enviada a un centro de menores.
La adolescente quedó aislada de su entorno familiar y posteriormente pasó a vivir con su madre, mientras Alexey cumplía su condena.
El caso provocó protestas de activistas y defensores de derechos humanos, que cuestionaron las consecuencias de las medidas adoptadas contra la familia.
De Rusia a Francia: la huida de una familia
Alexey recuperó su libertad en octubre de 2024 y pudo reencontrarse con su hija. Sin embargo, ambos decidieron abandonar Rusia ante el temor de nuevas represalias.
Primero viajaron a Armenia, después de un prolongado proceso para conseguir documentación migratoria, lograron llegar a Francia a comienzos de 2026.
Actualmente viven en el este francés, donde recibieron un visado temporal, pero el exilio tampoco significó recuperar por completo la tranquilidad.
En una entrevista publicada por CNN este 20 de octubre, Masha reconoció que continúa preocupada por su seguridad, especialmente porque mantiene sus críticas al Gobierno ruso.

Cuatro años después, el dibujo sigue con ella
El dibujo contra la guerra no desapareció durante los registros, la separación familiar ni la salida de Rusia.
Cuando preparaban sus pertenencias para abandonar el país, Masha lo encontró entre sus antiguos cuadernos escolares.
Decidió conservarlo y hoy, a los 16 años, intenta construir una nueva vida en Francia, aprender otro idioma y continuar sus estudios.
También utiliza las redes sociales para expresar sus opiniones políticas y denunciar lo que considera una falta de libertades en Rusia.
Durante su conversación con CNN, la adolescente aseguró que le gustaría regresar a su país, aunque desconoce cuándo será posible.
Su padre, por su parte, considera que la libertad de expresar sus ideas compensa las pertenencias y la vida que tuvieron que dejar atrás.
El caso que expuso los límites de la libertad de expresión en Rusia
La historia de los Moskalyov ocurrió en medio del endurecimiento de las leyes rusas contra las críticas a las operaciones militares en Ucrania.
Tras la invasión de febrero de 2022, las autoridades aprobaron disposiciones que permiten imponer multas y penas de prisión por determinadas expresiones consideradas contrarias a las Fuerzas Armadas.
En ese contexto, las publicaciones del padre de Masha fueron utilizadas para procesarlo judicialmente.
El caso adquirió notoriedad internacional porque la investigación comenzó después de que una estudiante expresara una posición contraria a la guerra mediante un dibujo.
Para Masha, aquella tarea escolar representó lo que pensaba sobre el conflicto. Para las autoridades, se convirtió en el inicio de un expediente que terminó alcanzando a su familia.
Cuatro años después, padre e hija están juntos y fuera de Rusia, pero su futuro permanece condicionado por el exilio.
Entre las pocas cosas que pudieron llevarse está una hoja de papel pintada con lápices de colores.
La misma que Masha dibujó cuando tenía 12 años y que todavía conserva como testimonio de todo lo que perdió.
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