Un hospital abandonado suele guardar silencio, polvo y paredes consumidas por el tiempo, pero cuando la Policía de San Luis entró al antiguo Hospital St. Alexis, encontró algo muy distinto: un hondureño armado con un machete, una pistola robada y un rifle oculto en una mochila.

Aquella escena, más cercana a una película que a una inspección rutinaria, terminó con un arresto.

Ese arresto le costó casi cuatro años de prisión federal y, después, la deportación a Honduras.

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El hallazgo del hondureño dentro del hospital abandonado

La Fiscalía del Distrito Este de Misuri informó que Arlin A. Bustillo, de 34 años, fue detenido el 31 de julio de 2025 luego de ingresar sin autorización al antiguo Hospital St. Alexis, un edificio que permanecía abandonado desde hacía años.

Cuando los agentes lo interceptaron, descubrieron que el hondureño llevaba un machete de gran tamaño sujeto a la cadera izquierda y una pistola robada en el lado derecho.

La revisión no terminó ahí. Dentro de la mochila ocultaba un rifle calibre .22 con el cañón recortado, un arma cuya posesión también violó la legislación estadounidense.

El caso

Las otras pruebas que agravaron el caso

Además de las armas, los investigadores encontraron una tarjeta falsa del Seguro Social y una tarjeta fraudulenta de residente permanente de Estados Unidos.

Las evidencias fortalecieron el proceso judicial y, en abril de este año, Bustillo admitió su responsabilidad al declararse culpable de posesión ilegal de un arma de fuego y de portar una tarjeta de residencia falsificada.

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as autoridades estadounidenses aseguraron un machete, una pistola robada y un rifle calibre .22 durante la captura del hondureño en el hospital abandonado. Foto diseño con IA.

Prisión primero; deportación después

Un juez del Tribunal de Distrito de Estados Unidos condenó al hondureño a 46 meses de prisión federal (3 años con 10 meses).

Cuando cumpla la sentencia, lo entregarán a las autoridades migratorias para iniciar el proceso de deportación y regresar a Honduras.

El antiguo Hospital St. Alexis volvió a quedar vacío, pero esta vez dejó atrás una historia que terminó en una sala federal y que cambiará el destino de un hondureño que decidió cruzar sus puertas armado.

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