Una lancha interceptada en el Pacífico, deja coordenadas, un semisumergible que capturan deja una ruta y un cargamento recuperado en el mar deja kilos, tripulantes y un punto sobre el mapa.

Pero las embarcaciones que logran pasar no dejan nada y ese vacío es precisamente uno de los problemas que plantea un estudio del Centro Internacional de Investigación y Análisis contra el Narcotráfico Marítimo (CIMCON) sobre el corredor del Pacífico entre Ecuador, Colombia, Centroamérica y México.

El informe advirtió sobre cómo se interpretan las rutas marítimas cuando solo se observa lo que las autoridades consiguieron detener.

La pregunta que deja sobre la mesa sigue teniendo peso: ¿qué pasa en las zonas por donde podría estar circulando droga, pero donde no aparecen decomisos?

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Los decomisos en el Pacífico solo cuentan los viajes que se descubrieron

El CIMCON encontró una fuerte presencia de lanchas go fast en el corredor estudiado. En año y medio contabilizó 270 embarcaciones incautadas y determinó varios polígonos donde se concentraron las operaciones.

Pero inmediatamente puso en duda una lectura aparentemente sencilla de esos datos. ¿Las zonas con más decomisos son necesariamente aquellas por donde circula más cocaína?

No siempre se puede saber y el propio estudio se pregunta cuántas lanchas pudieron completar el traslado porque utilizaron rutas con “poca o nula presencia” de autoridades.

Ahí comienza el vacío, porque una incautación produce información y una embarcación que cruza sin ser detectada, no.

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El avión que explica el problema del Pacífico

Para explicar esa distorsión, el CIMCON recurre a una historia que aparentemente no tiene nada que ver con cocaína, lanchas o Centroamérica.

Durante la Segunda Guerra Mundial se estudiaron los impactos de bala en los aviones que conseguían regresar de combate.

La primera reacción fue pensar que había que reforzar precisamente las partes donde aparecían más agujeros.

El estadístico Abraham Wald advirtió el problema: solo miraron los aviones que lograron volver.

Los aparatos alcanzados en zonas verdaderamente críticas ni siquiera aparecían en aquella muestra porque los derribaron.

El CIMCON traslada esa misma lógica al narcotráfico marítimo y si solo estudian las embarcaciones incautadas, se observa únicamente una parte del tráfico.

Quedan fuera aquellas que pudieron cambiar de modalidad, modificar su recorrido o simplemente atravesar el océano sin encontrarse con una autoridad.

Un mapa lleno de puntos también puede engañar

El problema adquiere otra dimensión cuando las incautaciones se colocan sobre un mapa.

Una acumulación de decomisos puede convertirse rápidamente en un aparente corredor del narcotráfico.

Sin embargo, esa concentración también puede estar relacionada con dónde patrullan las autoridades, hasta dónde llegan sus radares o hacia qué embarcaciones dirige la inteligencia las operaciones.

El estudio identifica tres elementos que pueden determinar una interdicción: disponer previamente de inteligencia que oriente la búsqueda, coincidir visualmente con una embarcación sospechosa o lograr detectarla dentro del alcance efectivo de un radar.

Es decir, un punto en el mapa no representa solamente el movimiento del narcotráfico. También representa la capacidad que tuvo una autoridad para encontrarlo.

Y eso cambia la lectura.

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Los espacios donde no aparece nada

El CIMCON llevó esa idea un poco más lejos y al estudiar la distribución geográfica de las incautaciones, identificó espacios donde prácticamente no aparecían operaciones.

Esto pese a encontrarse dentro del flujo lógico que conectaría zonas de origen, tránsito y destino.

En lugar de descartarlos, los señaló como una incógnita y el documento pregunta expresamente qué sucede en áreas sin registros de incautaciones atravesadas por posibles rutas del narcotráfico.

Ese silencio puede tener explicaciones diferentes y el estudio no demuestra que todos esos espacios sean rutas activas.

Precisamente ahí está su advertencia: la ausencia de decomisos tampoco permite concluir que no exista tráfico.

La cocaína también se alejó de la costa

Hay otro antecedente que ayuda a entender por qué esos vacíos importan

El CIMCON cita una estrategia de interdicción de El Salvador según la cual la actividad vinculada al tráfico se desplazó progresivamente mar adentro.

El documento refiere un movimiento desde unas 70 millas náuticas de la costa en 2015 hasta unas 700 millas en 2018, asociado al uso de tecnología de posicionamiento para evadir controles.

El caso que dio origen al estudio de 2024 parecía llevar esa lógica al extremo y el 24 de junio de 2024, la Marina de El Salvador interceptó un semisumergible con 2,000 kilos de cocaína a 630 millas náuticas al suroeste de la costa salvadoreña.

Fueron detenidos dos ecuatorianos y un colombiano, la distancia fue justamente lo que llevó a los investigadores a preguntarse qué estaba ocurriendo en ese enorme espacio marítimo.

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Los decomisos dejan rastros visibles del narcotráfico marítimo, pero no muestran necesariamente todos los trayectos que logran atravesar el Pacífico sin ser detectados. Foto: cortesía rediseño TuNota.

No todo el viaje ocurre en una misma embarcación

El análisis también complica otra imagen habitual del narcotráfico: una lancha que sale cargada desde Sudamérica y llega directamente a Centroamérica.

El recorrido puede fragmentarse y el CIMCON describe semisumergibles, lanchas go fast, embarcaciones pesqueras y cargas dejadas a la deriva o balizadas.

Las embarcaciones pesqueras, por ejemplo, pueden aprovechar la cobertura de su actividad comercial, recibir cargamentos fuera de puerto y acercarlos hacia Centroamérica o México.

Allí otras embarcaciones menores pueden recibir la droga y continuar hacia tierra, incluso una carga que abandonan en el océano no necesariamente significa una operación perdida.

El estudio explica que la droga puede ser lanzada al mar para evadir una interdicción, pero también como parte de un acuerdo previo para cambiar el medio encargado de transportarla.

La ruta que falta en el mapa

El estudio no permite afirmar cuáles de aquellas zonas sin decomisos continúan activas en 2026.

Tampoco revela el que cada espacio vacío esconda necesariamente una ruta del narcotráfico.

Pero deja una advertencia que trasciende las cifras de 2024: los decomisos permiten reconstruir dónde las autoridades encontraron la cocaína.

No necesariamente se revelan todos los lugares por donde la cocaína consiguió pasar por el Pacífico.

El corredor permite cambiar de embarcación, alejarse cientos de millas de la costa y aprovechar zonas con menor presencia operativa.

Por eso, los puntos que faltan en el mapa pueden ser tan importantes como aquellos donde aparece una incautación.

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