El 1 de marzo marcó el cumplimiento de la última voluntad de Erika Deyanira Morales, una joven de 20 años originaria de Los Andes, Sotomayor (Nariño), Colombia, quien logró acceder al procedimiento de eutanasia tras tres años de dolorosas secuelas derivadas de una brutal agresión.

Después de una lucha judicial y mediática contra su EPS, Emssanar, que en un principio se negó a autorizar el procedimiento, finalmente obtuvo la aprobación el 22 de febrero.

La carta que dejó Erika Morales antes de morir

En medio de este proceso, su hermana, Tatiana Morales, compartió un escrito que Erika le dictó, en el que expuso las razones de su decisión con palabras contundentes y llenas de dolor.

"Es muy difícil para mí y para mi familia, ya que prácticamente vivo por la ventilación mecánica y eso me parece injusto porque para mí no es vida, es solo una vida artificial", expresó la joven en su mensaje.

Erika Morales sentada
La joven Erika antes de morir.

Morales describió su cansancio físico y emocional, asegurando que no soportaba más el sufrimiento:

"Además, no sean egoístas, yo realmente me siento cansada, en serio no doy más (…). ¿Para qué tener a una persona tan joven como yo sufriendo? Si cuando me aspiran (la traqueotomía) siento que me torturan".

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En su carta, también se dirigió directamente a la EPS (clínica donde estaba Erika) que retrasó su proceso:

"Entonces, señores Emssanar (nombre de la clínica), con todo el respeto que ustedes se merecen, tengan un poquito de corazón y compasión. Si literalmente estoy muerta en vida, entonces no quiero que pierdan el tiempo conmigo, en fin, quiero que respeten mi decisión".

Un ataque que le arrebató su futuro

El drama de Erika Morales comenzó el 2 de agosto de 2021, cuando tenía apenas 17 años. Aquella noche, una salida con amigas terminó en tragedia: mientras se encontraba en el baño de un bar en Pasto, fue golpeada brutalmente con una botella de whisky.

El impacto le causó un infarto cerebral múltiple y una severa lesión medular, dejándola cuadripléjica y sin capacidad para respirar por sí misma. Su pronóstico era devastador.

Erika Morales posando sentada
Erika antes de morir este 2025.

Tras semanas en estado crítico, los médicos decidieron desconectarla de los equipos de soporte, pero su cuerpo no mostró señales de mejoría.

Un año y siete meses después, Erika recuperó la consciencia, aunque su movilidad y funciones vitales continuaban gravemente afectadas.

Desde entonces, su madre, su hermana y un equipo médico se encargaron de sus cuidados. Sin embargo, la joven enfrentó un deterioro progresivo: desarrolló una úlcera avanzada, perdió peso de manera alarmante y dejó de tolerar la alimentación.

En sus últimos días, Erika ya no podía hablar. Su hermana encontró una forma de comunicarse con ella a través del abecedario, esperando una señal con su cabeza para formar palabras y conocer sus pensamientos.

"Hoy prefiero llorarla en una tumba que verla sufrir más"

Su hermana expresó la angustia de haber acompañado a Érika en su sufrimiento y la resignación de aceptar su última voluntad.

"Hoy prefiero mil veces llorarla en una tumba que verla sufrir más", confesó en una entrevista con Noticias Caracol.