Shoji Morimoto encontró una forma poco convencional de ganarse la vida después de ser despedido de su rutinario empleo por su aparente falta de iniciativa. Lo que entonces parecía un problema laboral terminó convirtiéndose en la base de un negocio que llamó la atención en Japón y en redes sociales.

En lugar de ofrecer conocimientos especializados o realizar tareas complejas, Morimoto comenzó a cobrar por algo aparentemente sencillo: su compañía. Su trabajo consiste en estar presente junto a otras personas durante distintas actividades, sin necesidad de mantener una conversación constante ni intervenir en sus decisiones.

Shoji Morimoto
Shoji Morimoto manifiesta estar feliz con su nuevo trabajo. Foto: Cortesía

Desde que inició este proyecto, el japonés ha acumulado más de 4.000 sesiones, en las que sus clientes le han pedido desde compartir una comida hasta acompañarlos durante trámites y viajes.

Con este peculiar servicio, Morimoto llega a obtener alrededor de 80,000 dólares al año (L2.5 millones), según la información difundida en noticieros japoneses.

El origen de su peculiar profesión

La idea comenzó en la red social de X antes Twitter, donde Morimoto publicó una propuesta para ofrecerse como acompañante en actividades que no requerían habilidades especiales. El concepto despertó interés y rápidamente empezó a recibir solicitudes de personas que buscaban simplemente contar con alguien a su lado.

Entre los encargos que ha realizado aparecen situaciones tan diversas como acompañar a alguien a firmar un divorcio, comer juntos o realizar largos trayectos en tren. Durante estos encuentros mantiene una postura discreta y evita establecer vínculos personales con quienes contratan sus servicios.

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Shoji Morimoto
La popularidad de Morimoto es tan grande que personas de otros países viajan para poder contratarlo. Foto: Cortesía

De hecho, Morimoto establece una clara separación entre su trabajo y la amistad con sus clientes. "Nunca seré amigo de las personas que me alquilan", afirmó al explicar la relación que mantiene con quienes recurren a su peculiar servicio.

Un trabajo basado en estar presente sin hacer demasiado

El modelo también experimentó cambios con el paso del tiempo. Al principio, Morimoto establecía un precio fijo por cada sesión, pero posteriormente optó por permitir que los clientes decidieran cuánto querían aportar por el servicio.

El propio emprendedor reconoce que este sistema representa un desafío para la estabilidad económica del proyecto. "Cobro una tarifa voluntaria, así que no sé si será sostenible, pero me divierte intentar ver si funciona", admitió.

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Su experiencia también quedó plasmada en un libro sobre las situaciones que ha vivido durante estos años. Incluso allí mantuvo su particular filosofía de intervención mínima, ya que recurrió a otra persona para encargarse de la escritura de sus vivencias.

Morimoto cuestiona la presión por ser siempre productivo

La particular profesión de Morimoto también abrió una conversación sobre la presión que enfrentan las personas para demostrar constantemente su utilidad. Para él, la sociedad suele asociar el valor individual con la productividad y la capacidad de mantenerse ocupado.

Su propuesta plantea una perspectiva diferente: algunas personas pueden buscar compañía sin necesitar consejos, conversaciones profundas o soluciones a sus problemas. En ese contexto, su trabajo consiste precisamente en ofrecer una presencia sin imponer expectativas.

Morimoto resume su postura con una frase que se convirtió en parte de su filosofía laboral: "La gente no tiene por qué ser útil de ninguna manera específica".

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