La sangre de un hombre estadounidense que se inyectó deliberadamente veneno de serpientes durante casi dos décadas posee un poder "sin precedentes" como antídoto, según científicos.

En pruebas con animales, los anticuerpos en la sangre de Tim Friede demostraron proteger contra dosis mortales de veneno de una amplia gama de especies.

Las terapias actuales requieren que el antídoto corresponda a la especie de serpiente específica que mordió a la persona afectada.

La hazaña que realizó Friede durante 18 años podría suponer un paso importante en la búsqueda de un antídoto universal contra todas las mordeduras de serpiente, que matan a 140,000 personas al año y dejan a tres veces más personas con amputaciones o discapacidades permanentes.

En total, Friede ha soportado más de 200 mordeduras y más de 700 inyecciones de veneno de algunas de las serpientes más mortíferas del mundo, entre ellas múltiples especies de mamba, cobra, taipán y búngaro.

Este proceso de autoexposición le permitió desarrollar una inmunidad excepcional, algo extremadamente raro para un ser humano.

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Un antídoto humano de amplio espectro

En diálogo con el medio argentino Infobae, el doctor Peter Kwong, profesor de ciencias médicas de la Universidad de Columbia, en los Estados Unidos, reconoció que hay un camino por recorrer en la investigación pero fue optimista.

"Creo que en el futuro un único antiveneno podría cubrir tanto las serpientes altamente venenosas, que pertenecen a la familia de los elápidos, como a las víboras. Pero si el cóctel contra las serpientes se termina primero y demuestra buenos resultados en estudios veterinarios y clínicos, podría ofrecerse inicialmente por separado", resaltó.

El antídoto está basado en los anticuerpos de Friede y es de amplio espectro. Podría llegar a ofrecer protección total contra 13 especies de serpientes elápidas; como cobras y mambas, y protección parcial contra 6 especies más.

Al combinar los anticuerpos humanos con un inhibidor de toxinas llamado varespladib, el avance podría transformar el tratamiento de mordeduras. Superaría las limitaciones de los antídotos tradicionales, que son específicos para cada especie.

Tim Friede con los científicos que desarrollan el antídoto (Jacob Glanville). Foto: cortesía de Infobae
Tim Friede con los científicos que desarrollan el antídoto (Jacob Glanville). Foto: cortesía de Infobae