El inicio del fin de la operación llegó durante un control de rutina. En una carretera de Del Río, agentes de la Patrulla Fronteriza detuvieron dos vehículos que se movían en conjunto. En el primero iba Temple Ordaz Alvarado, considerada la cerebro de la red; detrás, la hondureña Erin Gutiérrez Maradiaga transportaba a cuatro indocumentados.
La inspección reveló más de 3,000 dólares en efectivo, dinero ligado al tráfico de migrantes.
Ese hallazgo abrió la puerta a una investigación que dejó en evidencia la magnitud de la red de tráfico de migrantes.
Hondureña en la ruta del tráfico de migrantes
La hondureña no era una pasajera ocasional. Los fiscales demostraron que viajó desde Houston hasta Eagle Pass, Texas, donde se reunió con la mexicana en un motel.
Allí recibió la oferta: 1,500 dólares por cada migrante que trasladara hacia San Antonio.
La hondureña aceptó. Recolectó a los indocumentados y los llevó al cuarto del motel, donde los alimentaron y resguardaron antes de iniciar la ruta por la Carretera Federal 277.
Todo bajo las instrucciones de la cabecilla, quien manejó la logística de una operación que se repetía con precisión.
Las condenas por tráfico de migrantes
El proceso judicial dejó dos condenas firmes. Temple Ordaz Alvarado, de 50 años, se declaró culpable de conspiración y la sentenciaron a 60 meses de prisión por liderar la operación y coordinar una casa de seguridad donde pasaron al menos 53 migrantes entre 2021 y 2024.
Por su parte, la hondureña Erin Gutiérrez Maradiaga recibió una pena mayor: 76 meses de cárcel, dictados por el juez federal Ernest Gonzalez.
Su participación fue clave para mover migrantes por caminos ocultos en Texas, un delito que la vinculó directamente con el engranaje de la red.
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Tráfico de migrantes y el papel de las mujeres
Este caso expuso una realidad pocas veces contada: mujeres ocupando roles activos en las redes de tráfico de migrantes.
La hondureña no solo facilitó traslados, también sostuvo la confianza de los indocumentados en el trayecto.
Ella ganó ingresos inmediatos en un negocio marcado por la ilegalidad y el riesgo. Aunque las condenas buscan enviar un mensaje de advertencia, la frontera sigue siendo escenario de operaciones similares.
El caso de la hondureña es solo un eslabón en una cadena que cada día mueve cientos de personas, y que demuestra cómo el tráfico de migrantes sigue siendo una de las industrias clandestinas más lucrativas y peligrosas de la región.
