El rastro de Wilson Lenin Alemán Mencía no se cortó de golpe, primero, fue el silencio, luego la preocupación, y finalmente la certeza de que algo no estaba bien. Tiene 17 años, es hondureño, y la última vez que alguien lo vio fue el domingo 5 de abril de 2026 en la ciudad fronteriza de Piedras Negras, en el estado mexicano de Coahuila.

Desde entonces, han pasado semanas sin una sola señal, ni una llamada, tampoco un mensaje.

No hay rastros que permitan reconstruir su camino en una de las rutas más inciertas para miles de migrantes.

La frontera, otra vez, se convierte en un punto donde las historias se suspenden.

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El hondureño y una búsqueda

La Comisión de Búsqueda del Estado de Coahuila emitió la ficha de no localización y la Fiscalía Especializada en Personas Desaparecidas en la Región Norte Uno se sumó a las diligencias.

Se activaron protocolos que incluyen recorridos en hospitales, centros de detención y otros espacios donde podrían encontrar indicios.

Pero hasta ahora, todo ha sido infructuoso. Las autoridades no descartan que Wilson haya intentado cruzar hacia Estados Unidos.

De ser así, se abre otra línea de incertidumbre: la posibilidad de que esté retenido en cárceles del sur de Texas o en centros migratorios bajo custodia de la Patrulla Fronteriza.

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Un rostro, señales y la esperanza de encontrarlo

Wilson no es solo un nombre en una ficha, es un joven con rasgos identificables: una cicatriz en el dedo medio de la mano derecha, aretes en ambas orejas.

También tiene una mancha en la cintura y una quemadura visible en los dedos medio y anular de la mano derecha.

Esos son detalles que hoy se convierten en claves para reconocerlo. Su caso ha sido difundido con la esperanza de que alguien lo haya visto.

Esperan que alguna pista permita reconstruir sus últimos movimientos en una ciudad que, para muchos migrantes, es antesala de un cruce o punto de quiebre.

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En la frontera de Piedras Negras, Coahuila, se reportó la desaparición del menor hondureño. Foto: La Jornada.

La frontera que borra historias

Piedras Negras no es solo un punto geográfico, es parte de una línea donde convergen sueños, riesgos y, muchas veces, desapariciones.

Ahí, el paso de una persona puede perderse entre operativos, rutas clandestinas, detenciones o redes criminales que se aprovechan de la vulnerabilidad de quienes migran.

Un nombre que no puede desaparecer

Mientras las autoridades continúan con la búsqueda, la familia de Wilson enfrenta la incertidumbre más dura: no saber dónde está, ni en qué condiciones se encuentra.

Porque en la frontera, desaparecer no siempre significa morir, a veces significa quedar atrapado en una ruta que se rompe, en un silencio que nadie logra explicar.

Y en medio de ese silencio, su nombre sigue ahí, resistiendo: Wilson Lenin Alemán Mencía, 17 años, hondureño.

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