En Limón, Costa Rica, al menos tres estructuras criminales, entre ellas la banda de “Los Hondureños”, entraron en disputa por el control de dos de los mercados más rentables del crimen organizado: la venta de drogas y el robo de combustible, tras la caída de grupos históricos como el liderado por Gilbert “Macho Coca” Bell y el Cártel del Caribe Sur.
No es una irrupción aislada, es una señal de que el tablero cambió y que no llegaron a empezar de cero, llegaron cuando el terreno ya estaba marcado por el dinero, las rutas abiertas y un vacío de poder que nadie tardó en ocupar.
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Los hondureños: del narco al combustible
Durante años, el narcotráfico fue el eje central y hoy ya no alcanza. Las estructuras criminales comenzaron a diversificar sus ingresos y encontraron en el robo de combustible un negocio paralelo: menos visible, constante y altamente rentable.
Un mercado que no requiere grandes rutas internacionales, pero sí control territorial y redes locales.
En ese cruce, donde convergen drogas y combustible, el dinero fluye sin pausa. Y donde hay dinero, hay disputa.

El vacío que desató la competencia
La caída de figuras fuertes no desmanteló el crimen, al contrario, lo fragmentó. Tras la captura de antiguos líderes que dominaban estas economías ilícitas en Limón, el territorio quedó sin un mando claro.
Ese vacío no tardó en llenarse: primero con grupos emergentes, luego con estructuras que llegaron desde fuera, listas para ocupar lo que otros dejaron.
Así se configura el nuevo escenario: más actores, menos control centralizado y una competencia constante por cada punto estratégico.

El papel de los catrachos
La aparición de una banda identificada como “Los Hondureños” no es un dato menor, marca un cambio en la dinámica del crimen organizado en la región.
Ya no se trata solo de tránsito o apoyo logístico, es participación directa en la disputa por mercados ilegales dentro de otro país.
Su presencia se suma a la de otras estructuras que también buscan consolidarse, en un entorno donde nadie domina completamente y todos compiten.
Las autoridades lo advierten: el fenómeno no desaparecerá mientras exista rentabilidad en estos mercados, nuevas estructuras seguirán emergiendo, adaptándose y ocupando espacios.
El crimen cambia de fase en Costa Rica
El narco ya no opera como antes. se fragmenta, se mueve y se multiplica. Hoy no basta con controlar rutas, se disputan mercados, diversifican ingresos y resisten la presión de otros grupos que buscan lo mismo.
En esa nueva fase, Limón dejó de ser solo un punto estratégico y se convirtió en un campo de batalla.
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