La violencia puede empujarlas a salir, pero cruzar una frontera no necesariamente termina con ella. Para nueve hondureñas migrantes, el camino por México estuvo atravesado por riesgos, discriminación y obstáculos para conseguir protección.
Sus experiencias quedaron en el informe Análisis de políticas públicas sobre prevención, atención y erradicación de la violencia basada en género contra mujeres en contextos de movilidad humana en México, publicado en marzo de 2026 por la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración.
El documento reconstruye las experiencias de 15 mujeres sobrevivientes de violencia basada en género (VBG).
Las migrantes fueron entrevistadas entre junio y septiembre de 2025. Todas habían sufrido uno o más episodios de violencia entre 2020 y 2025.
Nueve de esas 15 mujeres eran hondureñas, según la relación de entrevistadas incluida en el estudio.
Sus identidades se protegieron mediante iniciales porque algunas mantenían procesos legales y existía la necesidad de resguardarlas de posibles agresores.
El número llama la atención: las hondureñas constituyen el 60 % de las mujeres entrevistadas.
Sin embargo, el propio estudio advierte que sus resultados son cualitativos y no pretenden representar estadísticamente a toda la población migrante.
De interés: Hondureños retornados podrán traer sus pertenencias con exoneración de impuestos
Hondureñas: la violencia también está detrás de la salida
Uno de los hallazgos del informe coloca la mirada antes de llegar a México y la investigación concluye que la violencia basada en género es una causa de migración de mujeres procedentes de Centroamérica.
Pero abandonar el país de origen no necesariamente elimina el peligro, durante el tránsito, señala el estudio, la violencia es un riesgo recurrente para mujeres, niñas y adolescentes.
A ello se agregan vacíos institucionales capaces de profundizar su victimización y la conclusión: los investigadores sostienen que el riesgo de sufrir VBG no se reduce ni en los territorios de origen ni durante el tránsito.
También identifican la revictimización, la omisión y el maltrato como problemas persistentes en la interacción de las sobrevivientes con autoridades encargadas de brindarles protección.

Ser hondureña aparece entre los factores de riesgo
El informe introduce un elemento especialmente relevante para Honduras. Al revisar investigaciones previas sobre mujeres en movilidad, identifica determinadas condiciones que pueden incrementar su vulnerabilidad.
Primero, viajar solas o con hijos, segundo, trasladarse con el agresor, tercero utilizar transporte público o atravesar territorios controlados por el crimen organizado.
Y aparece la nacionalidad: el estudio señala que mujeres de nacionalidad colombiana, cubana, haitiana, hondureña y venezolana están expuestas a hipersexualización, extorsiones sexuales, tráfico y exigencias de intercambiar sexo para sobrevivir.
No significa que todas las hondureñas sufran esas violencias ni que el informe establezca una prevalencia específica para Honduras.
Son factores de vulnerabilidad identificados por la investigación cualitativa citada en el documento.
El panorama se agrava porque algunas rutas de ingreso a México atraviesan territorios bajo control de organizaciones criminales.
El uso del transporte público también puede exponerlas a secuestros, extorsiones y violencia sexual.
Otro estudio citado en el informe encontró que el 53 % de las mujeres consultadas sufrieron algún delito durante su tránsito por México; 28 % reportó secuestros, 40 % extorsión económica y 34 % violencia basada en género.
Nueve voces catrachas detrás del informe
Las hondureñas fueron identificadas únicamente mediante las iniciales WEDC, MAE, HEZ, LG, MEFS, GPAG, LSAL, ZDFL y MJCO.
Todas recibían acompañamiento del Instituto para las Mujeres en la Migración o de las Casas de Día “Las Moradas”, administradas por Formación y Capacitación A.C.
Una de ellas, identificada como WEDC, contó las dificultades que enfrentó después del nacimiento de su hijo en Tlalpan, Ciudad de México.
Según su testimonio, al intentar registrarlo en Xochimilco le indicaron que el documento proporcionado por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) no era suficiente.
Le pidieron pasaporte y acta de nacimiento original y sellada, ella aseguró que ya no tenía esos documentos porque perdió sus pertenencias mientras permanecía en un albergue.
El episodio muestra otra cara de la movilidad: sobrevivir al camino no necesariamente significa terminar con los obstáculos.

“Aunque uno piensa que no tiene derechos”
Otra hondureña, identificada como MEFS, describió un proceso diferente: descubrir que su condición migratoria no anulaba sus derechos.
La mujer contó que recibió talleres sobre violencia familiar, violencia institucional y migración, esa información, aseguró, le permitió comprender cómo defenderse.
“Porque sí tenemos derechos”, relató la hondureña al explicar que inicialmente pensó que encontrarse irregularmente y sin documentos significaba carecer de ellos.
Posteriormente consiguió una tarjeta y presentó una denuncia ante la Fiscalía, según su testimonio recogido por la investigación.
Durante el tránsito, muchas mujeres carecen de información confiable sobre derechos, instituciones y lugares donde solicitar ayuda.
Leyes existen; protección efectiva no siempre llega
El estudio encuentra una contradicción en México, por un lado, reconoce que el país dispone de legislación federal que protege a las mujeres migrantes frente a la violencia y establece que ese derecho no depende de acreditar ciudadanía.
Pero, por otro, concluye que la experiencia de las mujeres entrevistadas no cambió sustancialmente.
La investigación señala que las sobrevivientes identificaron a las organizaciones civiles como las instancias donde recibieron mejor atención e información.
Además, advierte sobre problemas presupuestarios, falta de coordinación institucional y dificultades para que las políticas diseñadas en el papel lleguen efectivamente a quienes las necesitan.

Salir no siempre significa escapar
Las nueve hondureñas no constituyen una radiografía estadística de todas las mujeres que salen de Honduras.
Pero sus testimonios permiten seguir un mismo hilo, la violencia puede estar entre las razones que empujan a una mujer a abandonar Centroamérica.
Después vienen las rutas controladas por criminales, la posibilidad de extorsión, la discriminación y las barreras para conseguir documentos, justicia o protección.
El informe lo resume con uno de sus principales hallazgos: el riesgo de violencia basada en género persiste tanto en los lugares de origen como durante el tránsito.
Para estas nueve hondureñas migrantes, cruzar la frontera significó avanzar kilómetros y no necesariamente dejar atrás la violencia.
Lea también: Deportados, pero no a Honduras: más hondureños terminan en África por orden de EE.UU.
